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The Silence ▲ Privado.

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Mensaje por Fleure S. Cartier el Lun Mayo 16, 2016 3:24 am

The Silence



Dawson and CIA, Gym.  • 25 de Mayo del 2016 • 10:20 am.

—Venga, termino unos pendientes, paso a la oficina a dejar unos papeles y de ahí regreso a darles de comer— Comentó de forma vaga al manos libres que tenía conectado por red a su móvil. Rodó sus ojos aunque el interlocutor no pudo observarle, limitándose a soltar una pequeña risita mientras le ponía la alarma a su automóvil y así, poder dirigirse hacía el pequeño campo frente al estacionamiento principal. Si, otra vez había olvidado darles de comer sus mascotas, pero no era su culpa... no tanto. —¿Qué tal si mejor preparo la cena esta noche? Puedo hacer algo de pasta y carne sin morir en el intento— Respondió cambiando rápidamente de tema para evitar ser regañada, mientras llegaba a la salida del aparcamiento y miraba por ambos lados antes de cruzar la calle.

Para Fleure aquel sitio era mágico. Si bien sus visitas ultimamente no eran tan recurrentes, el sentir que seguía siendo parte de la familia era algo que le venía de maravilla. Las cosas en su vida personal iban mejorando con el tiempo aunque tuviese altibajos como su repentina pausa en sus estudios o ese maravilloso trabajo que había encontrado en Manhattan. Llamarle caos del destino o simplemente una señal divina, confiaba ciegamente en que todo sucedía por algo, así que ahora necesitaba despejarse un poco con lo que más le gustaba hacer: Danzar. Su rutina principal era la danza aérea, combinando sus terapias con un poco de jazz o ejercicios cardiovasculares, siguiendo esa rutina excepcional que en algún momento la llevó a representar a Staten Island en un concurso regional, pero por causas de fuerza mayor no pudo concretar... otro caos del destino. Pero no le importaba realmente, sabía que dentro de poco si se esforzaba lo suficiente y no fallaba a sus clases, quizás podría alzarse campeona estatal en conjunto con su equipo.

Al llegar a la acera suspiró y dejó su maleta en el suelo, buscando dentro de sus compartimientos su bote de medicamento y así proceder a tomarse su dosis diaria antes de ingresar al edificio. Si le veían adentro con los fármacos necesitaría llenar papeleo, recetas médicas y demás para comprobar que no eran esteroides o derivados que le ayudaran a incrementar su rendimiento.  —He llegado, nos vemos esta tarde, si si, yo tendré cuidado... Te quiero— Colgó la llamada con una ligera sonrisa, tirando del pequeño botón que colgaba en su manos libres. No le sorprendió, aquel hombre se vivía preocupando por ella, incluso aun más cuando esta mañana había tenido que salir temprano de casa y le había llamado para recordarle que debía de desayunar. Claro que eso Fleure lo tomó en cuenta y por ello traía una manzana en su maleta esperando a ser devorada por la francesa, si, quizás no era el mejor desayuno del mundo pero no podía hacer nada cuando su apetito no cooperaba.

La castaña frunció el ceño cuando notó que extrañamente el cartel de la entrada del gimnasio se mantenía por el lado de "Cerrado" lo que le llevó a mirar su reloj de pulso. Diez con veinte minutos... Se encogió de hombros. Tal vez aquel día Adam abriría más tarde. No le importo y se sentó en la pequeña banca que se encontraba afuera del recinto para cerrar su maleta y posteriormente, observar con detenimiento el aleteo de las palomas que se encontraban unos cuantos metros alejadas de ella. Si buscaba distraerse, lo había logrado... Hasta ahora.



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Mensaje por Invitado el Mar Mayo 17, 2016 5:08 pm

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Dawson and CIA, Gym.  • 25 de Mayo del 2016 • 10:20 am.

Era el día definitivo para la misión, había estado gran parte de la noche sin poder dormir sabiendo que el momento de que finalizase mi "contrato" cada vez estaba más cerca de lo imaginado al principio, aun quedaban algunos cuantos trabajos más por hacer pero jamás había estado así, tantos años eran los que cargaba ya con el remordimiento de mis recuerdos que prácticamente al cerrar los ojos para descansar era inevitable no pensar en la vaga reminiscencia de aquella cabellera rubia que mecía con mis dedos. Dennis no se encontraba en casa y la mocosa parecía descansar en su cuarto, a pesar de esa calma el repiqueteo de los dedos al bailar sobre la mesa del comedor resonaba por toda la casa.

Sali de casa pensando en que el premio gordo del secuestro de hoy se lo llevaba Fleure Cartier, no tenía mucha información con respecto a ella solo que es una chica joven vidente. Me había encargado de vigilarla previamente para poder saber sus movimientos, descubrí que solía rondar un gimnasio para bailar y lo único que he tenido que es entrar antes de su llegada a esperar, claro que... antes de eso debía despejar la zona. A estas hora habían pocas personas, tan solo algunos de los que parecían ser los monitores del lugar, entrar  fue fácil, solo tuve que hacer que era otro cliente más para luego acabar con aquellos que se interpusieron en mi camino o simplemente intentaron huir conforme vieron mi arma.

Estoy en mi posición Euron - comuniqué a mi "jefe" para dar parte sobre mi trabajo,  no me gustaba el hecho de aceptar órdenes de otras personas pero en este caso tenía un motivo por el que hacerlo así que no tenía alternativa - he tenido algunos problemillas pero ya está todo solucionado - dije fijando mi vista en los dos cadáveres que yacían en el suelo. Al girarme me percaté de que había alguien mirando a través de los cristales, el acto reflejo fue esconderme hasta que me di cuenta de que el ratón había llegado a la trampa - Te dejo, es hora de divertirme - antes de colgar pude escucharle decir que estuviera ilesa por mi bien.

Ajusté el chandal deportivo que había cogido prestado de una de las taquillas del vestuario, me venía algo apretado pero era suficiente para hacerme pasar por un monitor más, al fin y al cabo es bien sabido que todos los chicos del gimnasio lo llevaban todo bien apretado por lo que daría el pego seguro. Salí de mi escondite y me dirigí a la puerta para abrirla, allí sin saber lo que le esperaba se enconttraba la niña del pedido - Hey, ¿estás esperando a que abramos verdad? - fingí un trato agradable a pesar de que no fuera común en mi ser así, me quedé esperando a la puerta y antes de que la situación la confundiera procedí a dar mi falsa identificación - Soy uno de los nuevos monitores del gimnasio, hoy hemos estado ocupados pero ya puedes ir pasando si llegas tarde a tu entrenamiento - sonreí apartandome de la puerta para dejarla pasar, conforme diera un paso en el interior del gimnasio lo siguiente sería dejarla encerrada - Por cierto, mi nombre es Noah


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Mensaje por Fleure S. Cartier el Miér Mayo 18, 2016 2:14 am

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La castaña se sobresaltó al escuchar una voz desconocida, girando su cabeza para encontrar a un hombre de chandal que al parecer iba con intenciones de abrir el local el cual ella esperaba desde hace unos minutos. Mostró una cálida sonrisa asintiendo inmediatamente a la conclusión a la cual había llegado, de seguro era notable que esperaba a que su gimnasio favorito abriese sus puertas para poder comenzar lo más pronto posible con su rutina de ejercicios. —¿Y Gale?— Cuestionó inmediatamente al recordar al viejo guardia que siempre le daba la bienvenida al establecimiento. Tenían una buena amistad y en ocasiones compartían sus vitaminas en forma de dinosaurio con sabor a frutitas para que así, juntos aumentaran las dosis de vitaminas y minerales que sus cuerpos necesitaban. No estaba de más mencionar que compartían ese singular gusto por las eras de la prehistoria, para lo que Fleure encontró un gran amigo en ese hombre. —Un placer conocerte, Noah, soy Fleure — Señaló alzando la comisura de sus labios en una sonrisa, evitando el saludar con un apretón de manos como dignos ancianos. Aunque estuviese joven por su mente aun vagaban esos viejos modales que su madre le había inculcado de pequeña.

Se levantó de aquella banca mientras el hombre de seguridad abría la puerta, pero le pareció extraño que fuese la primera clienta del día cuando usualmente a esa hora el lugar siempre se encontrara lleno, y ni hablar de loa pequeños del kindergarden de unas cuadras atrás que asistían a sus clases de natación en menos de diez minutos. Frunció ligeramente el ceño mientras rebuscaba en su maleta unos caramelos que había guardado más temprano. — Se que soy una desconcida y que no esta de más el no confíar en la gente, pero suelo llevarme muy bien con los guardias, espero que este también sea el caso aunque ya se dará el tiempo para eso, ¿No? — Hizo un gesto despreocupado y le extendió el paquete de dulces esperando que lo tomara. —Usualmente suelo darselos a Gale, ¿Si llegara más tarde podrías darselos? No me gustaría que se quedara sin su dosis diaria de caramelos. Prometo traerte unos cuantos la próxima semana y si él no viene, puedes quedartelos. Te aseguro que te encantarán. — Alzó su mano libre realizando una seña de juramento al estilo de las niñas exploradoras.

Al ver el gesto de caballerosidad al abrirle la puerta y permitirle primero el paso, Fleure agradeció con la mirada pero su andar se detuvo cuando su móvil empezó a sonar con un timbre demasiado peculiar. "Bajo del mar" solo significaba una cosa: Évy. —Lo siento, tengo que atender — Se disculpó regresando sobre sus pasos para alejarse unos cuantos metros de la puerta y así, responder al llamado de su Gemelis. —¿Ya salió el sol? —Preguntó por el auricular al escuchar una breve queja del otro lado. Ups...
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Mensaje por Invitado el Sáb Mayo 21, 2016 6:32 am

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Cuando pronunció el nombre de Gale la verdad que no me resultó conocido, no me había parado a presentarme ante cada uno de los presentes en su momentos aun que por lo que dijo después comprendí de quien estaba hablando. Ahora si lo recordaba, le vi parado como una roca nada más entré aquí y un poco más tarde cuando junto a dos cadáveres más en lo que parecía ser la sala del jefe del gimnasio, no sabía si entre las víctimas estaba él también pero no me importaba mucho, mi misión era asegurarme de que la chica no resultará ilesa y por supuesto que tampoco me interrumpieran en el rapto, se podría decir que lo he hecho por defensa propia. Euron no tenía por que enterarse de esto claro - Para nada, el placer es mío, Fleure - mostré una sonrisa ladina, intentando de alguna manera aprovechar el cuerpo con el que me había quedado lanzando alguna que otra miradita, todo lo más sensual que podía ya que no entraba entre mis preferencias.

La chica estaba soltando cosas sobre la desconfianza y el hacerse "amigos" cosa que por supuesto no hacía más que revolverme el estómago, al menos no por parte de la desconfianza, ¿acaso era malo? - No es nada malo en absoluto, es... normal - me encogí de hombros al haberme respondido a mi mismo en voz alta y darme cuenta después de ello - yo podría ser un asesino que está esperando para capturarte, uno nunca sabe - se lo había soltado sin más desenmascarando mi plan, pero dado el motivo de la charla inicial podía perfectamente pasar por una mera broma, por si acaso me esforcé en reirme - No tengo muy claro que le pasa, soy nuevo aquí y solo me han comentado que está indispuesto así que... supongo que estos dulces son para mi - alargué la mano para alcanzar el paquete que me ofrecía.

Por unas décimas de segundos pensé que por fin la había encerrado pero cuando solo le quedaba un misero paso para adentrarse su móvil comenzó a sonar, rechisté los dientes por que estaba demasiado cerca de cumplir mi trabajo. Obviamente no podía tirar de ella para meterla, a estas horas habían bastantes personas recorriendo la acera dirigiéndose a su destino por lo que eso no traería más que problemas, debía ser paciente ya que al fin y al cabo estaba claro que iba a entrar... siempre que esa llamada no fuera para alertarla o mucho menos hacer que retroceda por cualquier cosa. Fruncí el ceño y me aparté de la puerta para no levantar sospechas, en este instante no era más que un "monitor" - Nada, yo esperar a ver si aparece alguien - abrí el paquete y no dudé en tomar uno de los dulces, seguido saqué mi teléfono para disimular.
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Mensaje por Fleure S. Cartier el Dom Mayo 22, 2016 3:10 am

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Fleure no era de las personas que solían charlar por el móvil hasta aburrirse, pero admitía que cuando Évy le llamaba para darle los buenos días a veces era inevitable que se tomara su tiempo para hablar desde que tal les había ido al dormir o los probables detalles que faltaban para el tan esperado viaje al mundo de Harry Potter con motivo de su despedida de soltera... Un sin fin de temas que sin esperarlo salían una tras otra así perdiese tiempo valioso en ello. No tomó el tiempo y poco le importaba, total, aun no había gente en el gimnasio y probablemente su instructora aun no llegara, así que esperó en la linea mientras escuchaba como su Gemelis intentaba hacerle el desayuno a su prometido en un intento vago para que la castaña le ayudara a seleccionar el diseño de Disney indicado para los panqueques. La francesa se burló y así, continuó charlando por un buen rato mientras se movía en pequeños pasos, alejándose y acercándose así del perímetro del gimnasio. —¿A esta hora?— Cuestionó cuando su mejor amiga le ofreció un par de esos panques que prometía no estar salados y aunque no tuviese tanta hambre como para tomar el almuerzo, necesitaba preguntarle unas cuantas cosas. Manhattan estaba retirado de Staten Island, pero no era algo imposible.

De reojo miró al hombre de seguridad que en un intento de permanecer su caballerosidad se mantenía en la puerta, quizás esperando a que alguien más llegara o que ella después de veinte minutos se dignara a entrar a la locación. De igual forma estaba ocupado con su móvil como para decir adiós, más sin embargo la castaña se encogió de hombros y aprovechó para escabullirse entre los transeúntes para cruzar la calle en el semáforo y así darle alcance a su coche. Total, por un día que se saltara su rutina de ejercicios no le venía nada mal, además de que ahora tenía más tiempo libre para hacerlo. —Bien, bien, voy para allá. No hay personal en el gimnasio más que un guardia nuevo, así que... Probablemente enviaron un correo con la cancelación de la clase aunque el hombre dice que están ocupados, ni hablar...— Sin esperar más, abrió la puerta del piloto y aventó su maleta en el asiento del copiloto, y rápidamente entrar para cerrar la puerta antes de escuchar el seguro automático que le protegía de los tsunamis apocalípticos de las películas. La francesa suspiró y encendió el motor. Total, no estaba de más que al salir del estacionamiento le avisara y así no ser completamente descortés. —Espera en la linea, deja activo esta mierda...— Señaló mientras encendía los parlantes y así sin usar el móvil  mientras conducía podía seguir con la conversación.

—¡Hey! — Gritó para llamar la atención del hombre de seguridad mientras bajaba un poco la ventana del auto y así pudiese escucharla mejor.  La persona del automóvil de atrás le sonó el claxon para que se quitara, lo que hizo que Fleure resoplara. Imbeciles, ¿No pueden esperar? —Compromiso urgente, lo siento, yo llamo a Enzo para avisarle— Señalo con una ligera sonrisa antes de dar un pequeño movimiento de su mano para decir adiós. ¡Ya voy, anciano, espere!  

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Mensaje por Invitado el Sáb Jun 11, 2016 11:57 pm

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Intervendremos—dijo uno de los hombres antes de encender las luces altas en forma de señal a otro auto de similares características al extremo opuesto del estacionamiento. Habían esperado lo suficiente, sus objetivos como equipo de limpieza habían sidos coartados por el ir y venir de una incompetencia nada práctica, y alejada totalmente de la sistematización de los procedimientos del Instituto. Encendió el motor a la par de la mujer, adelantándose mientras que el otro equipo descendía del vehículo contrario. La castaña bajó un poco la ventanilla, continuando el intercambio con el hombre que se encontraba al interior del gimnasio. Era el momento. En un instante tocó el claxon, los tres hombres que venían a pie reaccionaron, lanzándose dos sobre el lado del piloto, y el tercero cubriendo la puerta del copiloto. Un golpe en seco en el costado derecho, causó trizar los remanentes de la ventana que ya se encontraba abierta. El sujeto no debía sufrir mayores daños, cruzaba en la cabeza de cada uno de los hombres y mujeres de la operación.

El auto que había estado adelante se acercó, abriendo una de las puertas traseras. Intentaron reducir el forcejeo, arrancando la ventana ya trizada y lanzando los trozos sobre si mismos antes de abrir la puerta. Debieron hacer uso de éter dietiléter en un pañuelo, sobre su boca y fosas nasales, aun cuando es el último paso a tomar en el protocolo. Sin embargo, la decisión de abordar al sujeto a plena luz del día no dejaba mayor opción. NEOD no estaría satisfecho con la resolución de esta misión.

El primer auto se la llevó, mientras que el de atrás, fiel a su objetivo, quedaba para normalizar el proceso.
©️


911:
elmo
triunfó el mal.
Yo me hago cargo desde aquí.
Invitado
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Mensaje por Fleure S. Cartier el Lun Jun 13, 2016 11:04 pm

The Silence




El grito que brotó de sus labios debió de bastar para advertir a cualquier transeúnte del peligro en el cual se encontraba. Nunca lo vio venir, ella ya se hacía en el décimo piso de una torre en Manhattan degustando unos no tan buenos panquecillos con exceso de miel y moras. Pero nada salió conforme a lo planeado. Lo primero que sintió fueron los diminutos cristales incrustándose en la piel de su brazo y parte de su cuello, el estruendo del vidrio el cual pendía aun su brazo y posteriormente, como era jalada por un par de hombres que la sacaban con fuerza por la puerta del piloto. ¿Qué era todo eso? No pudo reaccionar correctamente porque ni así estuviese en esos momentos en peligro, no coordinaba las palabras que salían de su boca. —¡ÉVY! ¡AUXILIO!— Gritó al automóvil, de seguro la llamada aún seguía en linea, y rogaba que fuese así.

¿Qué sería de ella? ¿La querían matar? Miles de preguntas inundaron su mente, aunque un choque surgió en su nariz, al notar que un pañuelo cubría gran parte de su boca y por ende, nariz. Más gritos salieron de su garganta, luchando así por deshacerse de esos animales que la atacaban y alcanzar a tomar su arma de la guantera, pero solo quedó en eso... gritos ahogados. Esperaba que su muerte no fuese tan dolorosa o que si pedían algo por ella, los demás se negaran a dárselo. No iba a permitir que una pandilla de secuestradores se quedaran con lo que les pertenecía. Incluso pensó que tal vez todo se trataba de su familia, llevar un apellido como Cartier pocas veces solía pasar desapercibido. ¿Papá estaba en problemas? ¿Acaso estos son hombres del trabajo de Tyler? ¿Les debía algo? ¿El chimpancé había logrado dar conmigo? ¿Y si todo se trataba de una broma de mal gusto? De pronto, la oscuridad se adueño de ella y con ello, sus esperanzas y pensamientos vagos.
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