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Mind the gap —Manu

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Mensaje por Invitado el Sáb Abr 16, 2016 9:45 pm

Mind the gap

Subterráneo · 31 de Mayo · 10 am

Caminaba por el andén con la monotonía propia de la rutina. Aquella que no se cuestiona, que no observa, sino que solo se desplaza mecánicamente bajo la idea de tener que llegar a tiempo. Hacía algunas semanas se había instalado en la ciudad y estaba lejos de sentirse cómoda, o por lo menos a gusto. Le molestaba la gente, el ruido, la aglomeración, y aún cuando nunca se había destacado por ser alguien amistosa ni amable, extrañaba la calidez y las sonrisas cordiales de su propia ciudad. Por Dios, incluso extrañaba esas desquiciantes e incómodas charlas acerca del clima.

Fuera de la gente de la editorial no conocía a nadie, limitando sus visitas del trabajo a la casa, de la casa al trabajo y una desviación casual en busca de vivieres en la tienda más cercana. Juxx, su perro, se había convertido en la única excusa para salir a tomar aire, funcionando como un mediador entre Sibeal y el mundo. Tuvo que traerlo, aun cuando la angustia de verlo sufrir al vivir en un espacio reducido le carcomía las noches. Su pelaje suave y compañía fiel  le daban la estabilidad necesaria para no perder la cabeza y autoconvencerse cada mañana que esto es lo que quería para su vida. Un rostro conocido en la locura misma del presente, un grano de esperanza de la ansiada libertad en un lugar que desbordaba domesticación.

Ajustó sus audífonos, escuchando la suave melodía de Keaton Henson salir mientras esperaba el subterráneo hacía Manhattan. Podía sentir la presencia de otras personas a su lado, no eran muchas dado que era pasada la hora de congestión, pero aun así perturbaron sus sentidos. Enfocó la atención en algo más, en la gente al frente suyo que esperaban otro vagón para dirigirse en la dirección opuesta. Observaba sus rostros y vestimentas, intentando inventar historias de quiénes eran, qué pensaban o hacia dónde se iban. Tramar mundos y realidades distintas era, después de todo, para lo que era buena. Su mirada se detuvo en una figura demasiado alta, demasiado delgada, demasiado grácil, demasiado familiar. El corazón se le encogió de golpe, sintiendo físicamente una pérdida figurativa, un vacío que en la soledad misma de su día día le parecía enorme. La muchacha se movió e instintivamente la siguió, desde el andén de al frente. Avanzaba rápido sin girar el rostro, y prendida a la ilusión, Sibeal apuró el ritmo. Su respiración también aumentó, en la incertidumbre misma, podía escuchar sus latidos por sobre la música, reverberando con cada pum pum.

Y giró. Lo hizo para mirar al vagón que entraba a la estación, pero fue más que suficiente.

¡Manuela!—se escapó como un grito quebrado. Quebrado de la pena, de la felicidad, de todo y más.  

 
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Última edición por Sibeal L. Cobhlaith el Dom Jun 05, 2016 9:41 am, editado 2 veces
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Mensaje por Invitado el Dom Abr 17, 2016 4:00 pm

Mind the gap

Subterráneo · 31 de mayo · 10 am


Me gire a ver el último vagón del subte, se suponía que la hermana de mi compañera de trabajo llegaría a esa hora luego de un largo viaje y como tenía que hacer diligencias aproveche la oportunidad para recogerla y llevarla al edificio en donde permanecería las próximas dos semanas. Le había ofrecido mi monoambiente pero no quiso, se empecino en ir a un hotel y no hubo Cristo que la hiciera cambiar de opinión, tampoco me reforzaría demasiado que no era quien para andar rogando.

La cantidad de gente me hacia desconcertar, no conocía a la chica y sólo tenía una fotografía de ella de su perfil de Facebook donde no se veía demasiado nítida por la lejanía. Estaba bastante concentrada en su imagen cuando una voz, que podría reconocer a kilómetros me traspaso los oídos hasta colocarse en mi estómago. Muchos me decían Manuela, pero pocos con esa voz fina y profunda que soltaba la pelirroja, aquella que un día sin más había decidido marcharse sin decir siquiera adiós.

Me gire con lentitud, mis extremidades estaban adormecidas. Hacia muchísimo tiempo que no tenía una sensación como aquella. La vi de pie a unos cuantos metros de mi. No me percaté de que las lagrimas brotaban de mis mejillas hasta que las sentí mojar mi cuello -Sibeal- correspondí, corriendo a su encuentro, abrazándola sin más con toda la fuerza que pude a pesar de que era pequeña y frágil. El momento de sorpresa paso dejando lugar a la ira que me inundó el alma -maldita desgraciada, ¿a donde carajos te habías metido? ¿porque no diste señales de vida?- la apreté un poco más, quería que sintiera dolor en compensación -te odio!- las lagrimas seguían cayendo -te extrañe tanto, tanto amiga- respire profundo antes de separarme de ella para mirarla a los ojos. Se la veía bien aunque el aire triste no se escapaba jamás de sus ojos. Ya había olvidado el motivo por el cual estaba en el subte y si la hermana de Karen aparecía, seguramente iba a olvidarlo. Esto era mucho más importante

La solté para que pudiera respirar -Cuéntame todo. ¿ A donde estas parando? Vamos por ahí a tomar algo... O estas ocupada?- de la euforia ni siquiera había pensado en que podía esta ocupada o a punto de partir, después de todo estaba en un lugar de transporte público. La mezcla de sentimientos me absorbía como siempre pero sonreía como cuando terminas de leer un libro que te gusta mucho. ¿Cuanto hacia que no nos veíamos? Una eternidad, seguramente.
 
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Última edición por Emanuela S. Kindelan el Lun Jun 06, 2016 12:18 am, editado 2 veces
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Mensaje por Invitado el Dom Abr 17, 2016 10:25 pm

Mind the gap

Subterráneo · 31 de Mayo · 10 am



Sus pies se anclaron al suelo. Le llamó, pero no pudo avanzar más. Un cuerpo que había estado demasiado agitado con la esperanza, ahora se paralizaba al comprobar que efectivamente era y que no tenía respuestas para darles. Le embargó el pánico, recordando de golpe todos los mensajes que había ignorado y todas las veces que dudaba frente al teléfono, comiéndose las ganas de llamarla y pedir consuelo como en otras veces, en otros días. Le parecía toda una vida atrás.  Nunca había querido ser una carga para nadie, menos para Manu quién de por sí cargaba sus propios fantasmas en la mochila.

No tuvo tiempo de dudar, antes que supiera largos brazos la estaban rodeando y exprimiendo cada milímetro de aire de los pulmones. Le apretó de vuelta e inhaló con fuerza. El olor a flores característico le llegó a la nariz, trayendo consigo memorias y aquel sentimiento de hogar que tanto necesitaba. Recordaba con nostalgia los momentos en donde se quejaba que su perfume le terminaría por matar, exagerando y diciendo que desencadenaría la alergia.  


Yo también te odio—respondió bajo pero con una pequeña sonrisa en el rostro. La rubia hablaba igual, quería igual y seguía igual que antes, sintiendo todo con esa pasión que había aprendido a admirar y sin temor alguno por el llanto. Las emociones siempre habían fluido como ríos en su sistema, perdonando rápido y dando amistad a quien necesitara sin cuestionar su origen ni intenciones. Ella en cambio, tenía los ojos rojos con lágrimas amenazantes que nunca se dejaría soltar, no porque no confiara en Manuela, sino porque sabía que si comenzaba, no encontraría manera de terminar. Lloraría por esto, por aquello, por lo que fue y lo que nunca será. —Estás hermosa.

Miró el reloj. Tenía que ir a buscar las correcciones de un manuscrito y el nuevo auto que le entregaría la firma, pero ambas cosas bien podría realizarlas en la tarde. Pensó en mentir, soltar que iba tarde y volver a desaparecer como había echo otras veces, pero conociéndola sería imposible. A medida que el tiempo transcurría el nombre de Sibeal tomaba más peso y, por lo mismo, era más sencilla de localizar. Una búsqueda por aquí, unas preguntas por allá y en cosa de días la rubia podría estar fuera de su puerta con una provisión de waffles.

No hay ningún otro lugar que deba estar más que aquí—dijo antes de hacer una mueca con el rostro. —Golpeame si vuelvo a decir algo así de cursi. Sin compasión—. Un nuevo vagón entró a la estación, y para hacer algo y removerse los sentimientos encontrados, tomó la muñeca de la chica, jalándola en el momento que las puertas se abrieron. —¿Un vino en Manhattan? Aprovecha, que voy subiendo de clase—. Se instaló en uno de los asientos, palmeando el que estaba a su lado para que le acompañara. Aparentar normalidad cuando un mundo de cosas le explotaban por dentro era otro de sus talentos.—¿Y qué haces en New York? Joder, qué loca es la vida.

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Última edición por Sibeal L. Cobhlaith el Dom Jun 05, 2016 9:41 am, editado 2 veces
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Mensaje por Invitado el Jue Mayo 05, 2016 1:20 pm

Mind the gap

Subterráneo · 31 de mayo · 10:10 am


Ese día, aquel andén era testigo de un abrazo con una fuerza tal que no solo expresaba ausencia, sino también nostalgia, rabia, perdón, alegría, reencuentro. Sentimientos enfrentados que recorrían el corazón de dos amigas que habían olvidado cuanto tiempo había pasado desde aquella última vez. ¿Porque? Era la pregunta del millón, la cual no era tiempo de formular. Solo quería estar así, dejando que los minutos fluyeran y que la amargura del pasado se esfumara. Estaba ahí y eso era lo que importaba.

Solté una carcajada ante su respuesta, solíamos decir ese tipo de comentarios, aunque sabíamos cual era el real significado de esas palabras. Suspiré profundo soltándola de a poco el cuerpo del elfo que tenía como amiga, tan diminuta y enorme a la vez. Porque aunque ella misma no se veía así, yo sabía que era un gigante de la vida, tan dispuesta a luchar como la mejor de las cazadoras. Claro que no era algo que le dijera muy seguido, la muchacha tenía sus peculiaridades y creer en su poder no era una cualidad que la caracterizara. La miré a los ojos sabiendo que estaba tan emocionada como yo -Claro, hermosa... luego de que me haces chillar como marrano- hice una mueca secando mis lágrimas con el puño de la blusa.

Que titubeara me hizo pensar en que tal vez no quería o estaba ocupada. Le había soltado las preguntas tan rápido que incluso podría haberla mareado y es que no puedo evitarlo, es como si, al hacerlas de manera deliberada o pausada pudiera perderme de alguna o de detalles sumamente importantes. No quería abrumarla, pero había mucho que preguntar, mucho que contar, mucho que debatir. De pronto me acorde de la noticia mas importante que tenía que darle, no podía escapar nuevamente. A veces sentía que era tan escurridiza que podía esconderse incluso debajo de las pierdas.

La miré juntando mis brazos, poniéndolos a la altura del rostro y sonriendo con una amplitud que mostraba todos los dientes -Es lo mas hermoso que me han dicho este mes... quitando lo del odio- mis ojos aun brillaban y por eso le daban un toque mas cómico aun a la escena. La despeiné un poco mientras seguía riendo, podía no decirlo, pero esas cosas eran las que me demostraban que ella me había extrañado tanto como yo y que pasara el tiempo que pasara, seguíamos siendo las mismas una con la otra. -Hey!- me quejé cuando jaló mi mano, estaba distraída con mis pensamientos y no la vi venir. -Mi amiga se vuelve millonaria. Espero no me olvides cuando estés en la cima- entramos al subte buscando un lugar vacío.

Me senté junto a ella distraía un momento por la escena que se sucedía en frente. Dos niños, uno le entregaba un listón al otro mientras le decía algunas palabras. Estaban alejados por lo que no lograba escuchar bien que decían, pero en sus labios pude entender la palabra amistad para siempre. Sonreí y giré para verla de frente -La primera que se ponga peda, porque no dudo que ese vino sea solo una copa, tendrá que recitarle un poema al primer sujeto que pase caminando- le sonreí son malicia -¿Hecho?- estiré mi mano para tomar la suya en la unión de la apuesta, quizás no sucedía nada o al momento no recordabamos que habíamos apostado, pero era algo que no podía evitar, me salía muy natural. Podía ser divertido. Volví a mirar hacia el interior del vagón cuando un recuerdo llegó a mi como relámpago. -Ya puedes preparar tu traje de Frodo- comente con seriedad, esperaba su reacción antes de seguir hablando.


 
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Última edición por Emanuela S. Kindelan el Lun Jun 06, 2016 12:28 am, editado 1 vez
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Mensaje por Invitado el Sáb Mayo 07, 2016 6:35 pm

Mind the gap

Subterráneo · 31 de Mayo · 10 am



Un nudo, que creía ya haber superado, se formó en su estomago. Encontrarse con alguien del pasado traía como consecuencia remover viejas heridas, y es por eso mismo que se había esforzado tanto en alejarse lo más que pudiera de la ciudad y sus antiguos amigos. Tampoco es como si no disfrutara de la presencia de la rubia, escucharla reír era bálsamo para sus oídos, sin embargo sería estúpida al admitir que todo aquello le hacía bien. Por la tarde se quedaría nuevamente en compañía de los qué hubiera sido y de los quizás, intentando esconder dolorosos recuerdos debajo de falsas historias y cuentos fantásticos. Nada cambiaría al final.

En sus ojos vio el brillo juguetón de la apuesta, el mismo que desprendían los ojos de Eóghan antes de retarla a salta del segundo piso o bebe toda la botella de salsa picante. Negarse era imposible.

¿Poemas peda? Esa es mi especialidad, hecho—dijo tomando su mano para sellar el trato.—Borrachas antes del medio día, ¿esta es acaso la adultez de la que tanto hablaban, Manuela?

Apoyó la cabeza en su hombro, en un gesto demasiado cercano y ridículamente familiar. Muchas eran las ocasiones en las que habían terminado así, una lamentándose sobre el hombro de la otra o sencillamente disfrutando del mero hecho que estaban juntas. La Sibeal de años atrás diría que tenían una conexión astral, la del presente se limitaba a memorizar su perfume antes que desapareciera.  Levantó el rostro confundida, sin entender en un comienzo a qué se refería.

¿Cómo?—preguntó aunque su intuición ya conocía la respuesta. Miró su pálida mano, aquella misma que había estrechado, encontrándose con un delicado pero ostentoso anillo de piedra rojiza. Lo interpretó como un "aquí estoy, esto es real".— Te vas a casar—. Pasaría días regañándose, preguntándose por qué no disimuló y respondió con alegría, diciendo todos los pro, lo feliz que sería, que aquello era lo que todas soñaban o una de aquellas frases clichés de felicitaciones. Pero no pudo, es más, lo único que hizo fue empeorarlo.—¿Pero por qué te vas a casar? ¿Estás segura? ¿Estás feliz?—pasó una mano por su cabello, en un gesto nervioso. —No lo entiendo. Es con Darius, ¿o no es así? 
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Última edición por Sibeal L. Cobhlaith el Dom Jun 05, 2016 9:39 am, editado 1 vez
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Mensaje por Invitado el Mar Mayo 17, 2016 11:48 am

Mind the gap

Subterráneo · 31 de mayo · 10 am

Apreté con fuerza la mano de mi mejor amiga, aquella a la que había extrañado horrores y que por fin estaba de regreso. No sabía por cuanto, pero lo disfrutaría al máximo. Algo que teníamos en común con la pecosa era desaparecer del mundo ante las adversidades mas fuertes, incluso en alguna ocasión lo habíamos hecho juntas, sin importar el lugar o a quien dejábamos atrás. ¿Cómo podía culparla ahora de huir, si ya había apoyado esas decisiones en el pasado? ¿Cómo enojarme con ella cuando sentía que, de ser necesario, yo también me escondería debajo de la tierra para que nadie mas pudiera verme? Nuestra amistad era de lo mas extraña y por eso teníamos tanta fuerza, un bloque imparable que al final, siempre terminaba por separarse. La distancia ya no era el asunto, saber que mínimamente estaba bien equilibraba la balanza. Ya podíamos avanzar. -¿Que? ¿Quien quiere ser adulto aquí? Yo apenas salgo del capullo- infle las mejillas y cruce mis ojos, soltando el aire unos segundos después -Dejemos la madurez de lado por hoy, ya mañana o en la tarde seremos las adultas que la sociedad espera- me encogí de hombros, ya estaba decidido.

Tome un mechón de su rojizo cabello y lo ondule distraídamente como en el pasado mientras mi visión se perdía entre recuerdos y soltaba las palabras sin la mayor conciencia. No, si de tacto se trataba a la hora de dar un comunicado como ese, yo no era la indicada. Torpe y bruta abría la boca y solo dejaba brotar ríos de frases que no siempre lograban comprenderse. Solté su cabello de inmediato y con seriedad extrema la mire a los ojos para asentir con lentitud. No estaba segura de que esperar ante mi confesión.

-Si, me voy a casar. En julio y tienes que estar ahí aunque sea conectada a un respirador artificial- era exagerada, pero no lo concebía de otra manera. En el camino había perdido a muchas personas importantes para mi, ella no podía ser una mas. Mi compañera de aventuras y desventuras tenía que estar presente el día mi locura mayor. Una locura que aceptaba con felicidad. Me encogí de hombros, sonreía como boba ante sus preguntas, a pesar de que ella estaba muy seria -Porque me pidió que me case con él y dije que si. ¿Segura? ¿Alguna vez estuve segura de algo en mi vida? Actúo bajo impulsos, no seguridades, Sibe. Si me ha salido bien hasta ahora, ¿porque saldría mal justo en esta decisión? -el corazón se aceleraba, no lo meditaba desde hacía tiempo, pero aunque de igual modo estuviera asustada, no me arrepentía de la decisión tomada -¿Acaso no lo vez? Soy feliz, cosa- la abracé de nuevo, otro impulso que me nacía y no controlaba. Solté una carcajada -Tonta, claro que es con Darius, ¿Con quien mas podría ser?- ella sabía a la perfección todos mis amoríos, mis idas y vueltas, mis aciertos y decepciones. Aunque lo preguntara, ella sabía que no podía tratarse de alguien mas. Me separé para volver a estar frente a ella -Estoy enamorada...- confesé mordiéndome el labio inferior.
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Última edición por Emanuela S. Kindelan el Lun Jun 06, 2016 12:30 am, editado 1 vez
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Mensaje por Invitado el Sáb Mayo 21, 2016 6:32 pm

Mind the gap

Subterráneo · 31 de Mayo · 10 am


La miró en silencio reparando más que en sus palabras, en sus gestos y su seguridad. Había estado equivocada, esta Emanuela no era la misma que ella había conocido. Ésta en cambio se daba libertades con conciencia, sin temor a reconocer sentimientos que por el mero hecho de pensarlos aterrorizarían a la Manu de tiempo atrás. Una sensación agradable se localizó en su pecho, como un calorcito que se comenzaba a extender por todos lados: estaba orgullosa.

Qué asco, suenas como esas tarjetas de San Valentín que venden en Wallmart. Exactamente, ¿quién eres y qué le has hecho a mi amiga?—bromeó seria antes de volver a sonreír y tomarle la mano.—Claro que estaré contigo si así lo quieres, y claro que te apoyaré, pero no sé, se me hace extraño—. Frunció el ceño, tenía otra de esas sensaciones que se le hacían difícil explicar de dónde nacían, pero que se localizaban como una idea fija e incuestionable. Era algo que se salía de la lógica común y que sólo podría explicar bajo la creencia de presentimientos y energías. En esa cosmología, con dos seres tan libres y cambiantes como lo eran Darius y Manu, se le complicaba confirmar de manera certera que los veía atravesando por el clásico sueño Disney. Los veía juntos, aunque sin el convencionalismo que ellos mismos esperaban. —Tonteras mías, ignorame.

Se dejó abrazar y querer, siendo consciente que era la primera vez que lo permitía desde hace meses. Si bien siempre se caracterizó por tener muros que la separaban del resto, en aquellos tiempos en los que estuvo alejada los derrumbó sólo para volver a construirlos el doble de grandes. Ahora, con cada cariño  gesto semejante, era como sacar un ladrillo a la vez, y Dios, cuánto lo había necesitado.

Yo, bueno, yo no me voy a casar. Pero por fin reconocieron uno de mis escritos. Por fin soy una escritora, Manuela, una de verdad ¡Con libros!—exclamó alzando la voz y ganándose la atención de un par de señoras. Estaba contenta de salir de las improvisadas páginas de fics por las que vagaba en su adolescencia. —Eóghan, él me ayudó y le mostró unos capitulos a un amigo editor. Luego de eso, todo pasó mu rápido.
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Última edición por Sibeal L. Cobhlaith el Dom Jun 05, 2016 9:39 am, editado 1 vez
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Mensaje por Invitado el Miér Mayo 25, 2016 6:51 pm

Mind the gap

Subterráneo · 31 de mayo · 10:30 am

No la culpaba por su reacción y por creer que estaba loca, yo misma me lo planteaba muchas veces en el correr de los días. Incluso cuando me veía leyendo alguna revista de decoraciones de salones o de vestidos de novia. ¿A dónde quedaron todas las fiestas y aventuras alocadas? En el segundo cajón de mueble mas antiguo del monoambiente de la calle norte. Eso no significa que ya no tome decisiones abruptas, que cometa mil errores, que la cague cada que doy un paso o que sin pensarlo me embriague. Eso quería decir que estaba controlando algunos impulsos sabiendo que ya no era solo yo contra el mundo. Podía sonar extraño viniendo de esta Manuela pero era así.

Reí con la naturalidad de siempre -Y aun no me escuchas hablar de él...- dije con solemnidad para soltar otra carcajada -Aquella que conociste se esta tomando unas vacaciones sin fecha de regreso- en mi cabeza se formaban imágenes de como sería aquel día, de como estaríamos vestidas, de lo que podría pasar, de todo, pero aun ahora no sabía porque no podía ver nuestros rostros. Era algo extraño pero no era la primera vez que me sucedía -Como soy una novia moderna, te dejaré elegir tu vestido para la ocasión. No me gustan esas damas de honor que van todas iguales y de rosa. Que asco!-  estaba hablando demasiado y acelerado, pero es que de pronto me dieron nervios y no los canalicé de mejor manera, que ella pensara en "tonterías" para mi era importante, siempre tuvimos una especie de conexión mas allá de la amistad y aunque preferí no preguntar mas, me dejaba algo intranquila. ¿Habría sentido algo malo en relación a nosotros? No quería saberlo...

Me separé un poco para darle espacio y que pudiera contarme de sus buenas nuevas, ¡Y si que lo eran! -Sibe eres escritoraaaa!!!- grité sin importarme que varias personas mas se dieran la vuelta a mirar -Señoras y Señores, mi amiga personal Sibeal Cobhlaith es escritora profesional. Deberían de comprar su libro, es Fabuloso- volví a abrazarla mientras algunos comentaban sobre mis palabras y otros seguían mirando entre asombrados críticos -Me pone tan feliz. Yo sabía que ibas a triunfar en algún momento, solo tenías que dejarte ver- suspiré, recobrando la compostura -un punto extra para esas copas de vino- el subte se detuvo, esperamos un poco hasta que algunos pasajeros bajaron para hacer lo mismo y volver a sentir la brisa de Manhattan -¿Eliges el bar o lo elijo yo?- la tomé del brazo comenzando a caminar.
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Mensaje por Invitado el Sáb Jun 04, 2016 8:42 pm

Mind the gap

Subterráneo · 31 de Mayo · 10 am


La fría brisa matutina de New York bailó entre su cabello, ondeando ligeramente al salir de las escaleras del subterráneo. Por extraño que pareciera, le hizo sentido percibirla desde la cabeza hasta la punta de los pies, aún cuando estaban a puertas del verano. Era más que el viento, era un sentimiento sobrecogedor, algo que llamaba a decir "este es el momento, Sibeal". La rubia que reía contenta a su lado era una imagen difusa de lo que fue tiempo atrás: las dos del brazo camino a combatir un mundo que no prometía nada más que risas y buena compañía. No lo quería perder, no podía, pero sabía que pasaría. Tenía conciencia que si continuaba, todo se lo llevaría el cosmos como venía haciéndolo por costumbre.

No le daría ese lujo, no podía permitir que acabara con aquella dulce sensación de sentirse querida y apoyada.

Las estrellas te quieren contenta y con una buena vida, Manuela, escuchalas—dijo apretando su brazo con afecto.—Sinceramente, para mi está bien cualquier lugar donde tengan vino tinto. Da igual, sabes. Espera, ¿y mi bolsa?—giró mirando hacia atrás—, Dios, se debió haber caído al salir. Adelantate, hay un bar por la esquina, yo te alcanzo.

Sin detenerse a esperar respuesta dio media vuelta, entrando al subterráneo por última vez. Las lagrimas comenzaron a correr, en aquel llanto silencioso que se había empecinado en cultivar. Parte era tristeza, pero otra, no podría decir si era la más grande o la más pequeña, lloraba de alegría. Siempre le había tenido miedo al dolor de la muerte, mas el dolor de seguir viviendo parecía peor. El pánico de que su cuerpo apagado y su cerebro aletargado no le dejaran sentir cómo deseaba, situaba al nunca como la mejor opción. Nunca volvería a ser parte de algo, pero también nunca pasaría por lo mismo. Al final, eso le entregó la paz que necesitaba.

Olor a crema de lavanda, los libros viejos, ojos marrones que le veían despertar, desayunos franceses, incendios planeados, la forma en que la nariz de Eóghan se arrugaba al reír, viajes improvisados por carretera, pelos de perros en su abrigo, sopas de fideos instantáneas, pequeños y tiernos labios dejando besos en su mejilla, las promesas de un para siempre, copas de vino a medio terminar. Con cada paso, un nuevo recuerdo del que estar agradecida antes de volver a ser energía.

Precaución con la separación entre el tren y el andén—se escuchó por el alto parlante. Puso su cabello detrás de sus orejas, y tomó aire. Las lágrimas parecían irrisorias en la majestuosidad de la fragilidad humana, y por fin, luego de mucho tiempo, se dio la libertad de volver a maravillarse, de embelesarse con la magnificencia del mundo y el cariño. La bocina de un nuevo tren entrando a toda velocidad a la estación sonó a lo lejos, dando el compás para su última marcha. Avanzó segura y con una media sonrisa en el rostro. El suelo desapareció bajo sus pies, y antes de poder cerrar los ojos, todo se fue a blanco.
 
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