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Be my Pinky [É. Danaé Bellerose]

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Mensaje por Invitado el Jue Mar 17, 2016 8:08 pm

Be my Pinky



Queens · Miércoles · Atardeciendo



Suspiró. A veces no entendía como alguien que conocía solo una parte de él podía querer como ella lo hacía. Era su mejor amiga y la adoraba con el aloma, pero también tenía un serio dilema interno al no poder contarle la bestia que realmente era. Su pasado era turbio y estaba bien oculto en lo más profundo de su cerebro. La muchacha era su cable a tierra, probablemente, si de él dependiera, ya se hubiese vuelto a quitar la vida, aunque claro eso resultaba imposible.

Había llegado temprano, muy temprano. Tendría que esperarla mínimo media hora. Pero el era así. En parte porque era obsesivo con la puntualidad y en parte porque no había terminado de armar lo que diría. Ella había perdido a su padre hacía poco y no lograba encontrar consuelo y él, aunque era muy hábil con las palabras, era bastante duro para consolarla. Le recordaba a su propia pérdida y todo se le volvía confuso. Pero allí estaba. Había elegido un lindo lugar en Queens para llevarla a cenar. La noche, la charla, una buena comida, todo podía servir de ayuda para hacerla sentir mejor. No soportaba verla llorar, le partía el alma, pero haría un esfuerzo solo porque era ella. Y si necesitaba descargarse, su hombro estaba a disposición.

"Me volveré abuelo antes de que llegues", bromeó por mensaje y apretó Enviar. Empezaría la noche con humor, si había algo que no había perdido en 73 años había sido el buen humor. "Apuuuuuuurate!" volvió a escribir sin esperar la respuesta al mensaje anterior. Guardó el teléfono en su bolsillo y se apoyó contra la puerta del restaurant.

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Mensaje por Invitado el Vie Mar 18, 2016 2:54 am

Be my Pinky

Restaurante bonito en Queens · Atardecer

El tráfico en Nueva York era espantoso; sobretodo en horas como aquella, donde las calles se inundaban de las personas que recién terminaban sus jornadas laborales o bien de aquellas que salían a relajarse y a disfrutar del comienzo de la vida nocturna. Danaé sabía que iba retrasada pero el par de mensajes recién recibidos por parte de su amigo se lo recalcaban. Gruñó mientras desbloqueaba su teléfono móvil con su huella dactilar, bendita tecnología de Apple que le ahorraba la tarea de desviar la vista del camino al tener que ingresar el código manual. Entró directo a su pestaña de conversación y presionó el símbolo del micrófono. —Me cuesta trabajo estacionarme entre dos carros, ¿sabes? —su ceño se encontraba fruncido, ya había puesto sus luces intermitentes pero el diminuto espacio que tenía para maniobrar seguía sin convencerla. Suspiró. —Llego en dos minutos, abuelo. —bromeó con él y despegó su dedo de la pantalla para enviar la nota de voz. Se armó de valor e ignoró el sonido de los claxons detrás de ella.

Diez minutos después estaba llegando apresurada al punto de reunión. —Lamento la demora. —le dedicó media sonrisa mientras terminaba por acercarse a él para poder rodearlo con sus brazos y plantar un beso en cada una de sus mejillas, sus costumbres brasileñas habían viajado con ella. —¿Qué haremos esta noche, Cerebro? —volvió a sonreírle, con más animo en esta ocasión aunque sus ojos todavía no recuperaban aquel brillo de vivacidad tan característico en la rubia; sabía muy bien la razón que su amigo había tenido para citarla aquella noche y no tenía palabras para agradecérselo. Cuando conoció a Jax no se imaginó que el cariño que sentiría por él se volvería tan inmenso, así como lo hizo su amistad, pero llegar a quererlo se había vuelto sencillo sobretodo cuando compartían momentos en donde las risas terminaban ocasionándole dolor de estómago.

—Vamos, que tengo hambre. —entrelazó su brazo con el de él para poder entrar al establecimiento, en donde una sonriente morena los atendió y les indicó la mesa que podían ocupar. —No había venido aquí antes, ¿qué tal es? —escondió su rostro detrás de la carta. —Estoy bien, ¿ok? —murmuró, no quería preocuparlo.
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Mensaje por Invitado el Miér Mar 23, 2016 8:19 pm
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Y al verla, se le clavó un puñal en el medio del pecho. No podía, no podía soportar el dolor de una de sus personas favoritas. Apretó la mandíbula como si estuviese sufriendo el peor dolor de parto, tanto que podía sentir como las venas de su cuello sobresalian de la piel. Un escalofrío el recorrió el cuerpo, casi el mismo frío que había sentido antes de apretar el gatillo. No podía dejar que lo viera así, tan debilitado por algo que no entendería nunca, por algo que no quería que entendiera nunca. La sonrisa de la muchacha lo relajó un poco y aceptó sus besos como la calma después de la tormenta. La tomó por la mitad de la espalda y la fundió en un abrazo muy sincero. - Pequeña, tienes que trabajar tu puntualidad -bromeó, plantándole un beso en la frente.

Como todo buen chef, había probado cientos de restaurants en todos los puntos claves de la ciudad, y este no era uno menos. Conociendo al dueño de diferentes eventos, sabía que este no dejaría de sorprenderlos. El mundo culinario era así. - Esta noche cenaremos aquí, porque... así me pintó -sonrió y la acompañó del brazo hacia adentro. Había reservado una mesa en el primer piso,muy cerca de una ventana que daba a una calle muy iluminada. Allí, todavía algunas personas volvían de trabajar, otras, apenas comenzaban su día. Retiró la silla que iba a ocupar la rubia de la mesa, no podía perder sus costumbres de caballero. Luego, se sentó. No pudo decir nada antes de ver el bonito rostro de la chica escondido atrás de la carta. Con su dedo índice lo bajó lentamente y le clavó sus ojos encima. - No soy tonto, no me trates como uno.- se acomodó en su asiento, sin dejar de mirarla- Háblame.

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Mensaje por Invitado el Miér Mar 30, 2016 12:38 am

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Le sonrió, algo que solía resultarle inevitable, antes de dejar escapar un largo suspiro. No quería hablar sobre el tema o, más bien, no quería envolver a su amigo en la burbuja de tristeza que se había vuelto su hogar en los últimos días; más aún cuando encerraba tantos secretos que no había tenido el valor de contarle. Estaba bien o lo estaría, si se ponía a pensar tenía un sinfín de razones por las cuales estar feliz. —Me voy a casar. —una sonrisa volvió a extenderse por su rostro; con todo lo sucedido durante el último par de semanas ni siquiera había tenido la oportunidad de contarle algo tan importante a su mejor amigo, aunque se sentía culpable de no haberlo llamado en el mismísimo momento en que ocurrió todo. —Sé que es pronto... —se mordió ligeramente el labio inferior. —De acuerdo, sé que es muy, muy pronto. —agregó enseguida, ya se imaginaba todo lo que le podría decir al respecto. Un par de sus dedos fueron hasta el brillante anillo que colgaba de su cuello; después de lo ocurrido con su padre había dejado de usarlo en su dedo anular, ante el recordatorio constante que le producía. Su mano regresó con parsimonia a su lugar; jugando con la orilla del menú. —Y creo que ya va siendo hora de que se conozcan, ¿no crees? —ni siquiera estaba del todo segura por qué dos personas tan importante en su vida aún no se conocían.

Una jovial camarera se acercó hasta ellos en ese momento, preguntando si ya se habían decidido por algo del menú para poder ordenar. Apretó sus labios con ligereza antes de regresar la mirada a Jax. —Tú conoces el lugar, ordena por los dos. —cerró el menú, el que ni siquiera se había dedicado en leer y esperó a que hiciera la orden por ambos.  —Entonces, ¿qué piensas? —se mordió el labio con evidente nerviosismo. Sus dedos regresaron a jugar con su anillo de compromiso.
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Mensaje por Invitado el Miér Abr 13, 2016 6:15 pm
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El mismo puñal que se le había clavado al verla, se le clavó cuando escuchó la confesión de su amiga. ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Cómo? Negó con la cabeza, bastante ensimismado en sus propios pensamientos. Probablemente ella, el mozo y todo el primer piso lo estaban observando como a un loco esquizofrénico. - ¡¿Casarte?! -chilló como si fuese una adolescente delante de su ídolo máximo, luego bajó la voz- ¿Con quién?. No puede ser, claro que no, ¡estas loca!

Si había tenido cientos de miedos respecto a su vida, a la de ella y a todo el mundo en general, el casamiento era uno de ellos. El lo había vivido en carne propia, el había estado ciegamente enamorado de Elizabeth y había terminado con una pistola en la boca por no poder soportar su partida. ¿Y si alguien lastimaba a su amiga? Tendría que partirle la boca a la mitad, hasta que no sangrara su peso no dejaría de golpearlo. Volvió a la realidad mirando el anillo que colgaba del cuelo de la muchacha y se acercó a apenas acariciarlo con la yema de los dedos. - No te casarás sin mi aprobación -sentenció serio- Y te hablo muy en serio. Quiero conocerlo mañana mismo. Ya si es posible.

Respiró hondo un par de veces justo cuando la camarera llegaba a tomarles el pedido. - Yo quiero un poco de este vino, ¿tu que quieres tomar? -preguntó a la rubia- Y luego tráenos uno de este y uno de este, por favor -comentó a la camarera señalando el menú sin que su acompañante se diera cuenta de qué pedía. Espero a que la joven se fuera para volver a hablar- Évy, no tienes idea de lo que es el matrimonio. Realmente no lo sabes.



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Mensaje por Invitado el Vie Abr 22, 2016 2:52 am

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Una risita nerviosa amenazó con  salir de sus labios pero la contuvo, mordiéndose el labio inferior, al ver la expresión de su amigo y sobretodo al confirmar el cómo todos los comensales también habían dirigido su atención hacia ellos. Sus mejillas incluso habían adquirido cierto tono melocotón, más que nada porque se sentía culpable por no haberle comentado nada a Jax desde antes; vaya, que ya casi había pasado un mes desde la propuesta. Suspiró. —Me regañas como si fueras... —dejó la frase inconclusa al recordar a su padre, sonrió con debilidad e intentó recomponerse enseguida. —Con mi novio, ¿con quién más? —volvió a morderse el labio, no sabía ni por qué se ponía tan nerviosa de repente, tal vez porque comenzaba a pensar, nuevamente, que todo aquello era bastante apresurado. —Ya sabes, con el que vivo desde hace un par de meses. —continuó enseguida, encogiéndose ligeramente e hombros. —Todavía no entiendo por qué no lo conoces, pero creo que ya es momento de presentártelo. —le dedicó una sonrisa ladina, recordaba la emoción que la había embargado el día en que le contó a Jax que se mudaría con su novio; le agradecía infinitamente a la reina de las hadas por haberlo puesto en su camino, no había amistad que valorara más que la del castaño.

La sonrisa en su rostro se iba ensanchando conforme escuchaba las palabras de su amigo, no le importaba en absoluto que la mirara de aquella manera, la rubia sabía que hablaba bastante en serio y el que se preocupara así le causaba bastante ternura. —Será lo más pronto posible, te lo prometo por la garrita. —mencionó, alzando su meñique derecho como muestra de su promesa.

Torció el gesto de manera pensativa antes de ordenar una limonada mineral, observó cómo la camarera desaparecía con su pedido y regresó su atención al chico que se encontraba frente a ella. Suspiró, agachando levemente la mirada y llevando una de sus manos hacia la sortija de compromiso que colgaba de su cuello. —Jax, no tienes idea de cuánto lo amo. —sonrió con ligereza, sintiendo aquella calidez tan familiar que le recorría el pecho cada vez que pensaba en Sten. —Además, tú tampoco has estado casado así que no deberías de tener idea de cómo es. —frunció el ceño con ligereza mientras volvía a subir su mirada, buscando la ajena. —¡No me digas que te casaste en Las Vegas y tienes a tu esposa escondida en el clóset! ¡Jax! —una risa divertida amenazaba con brotar desde el fondo de su garganta, intentando amenizar el ambiente.  
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Mensaje por Invitado el Miér Mayo 25, 2016 7:42 pm

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Se logró tranquilizar un poco, si es verdad, es la estaba regañando como si fuese su padre. Y no era la mejor manera ni la mejor frase para aquel momento de la vida de su amiga. Pero después de todo, el podría ser su abuelo, su instinto paterno estaba intacto desde el día en que su mujer quedó embarazada, nada de eso había cambiado en él. - Te quiero cuidar, solamente es eso, te quiero ¿sabes?

Como si fuese un hermano mayor, suspiró frustrado. No le gustaba que ella estuviese de novia sin conocer al individuo, muchísimo menos que se hubiese mudado con él. Pero no lo había logrado impedir por más que había pasado un largo tiempo protestando y pataleando ante su decisión. - No pasarás por ningún altar sin que yo lo apruebe, es en serio, no te meterás de por vida con un cualquiera. Estiró su mano y le acarició la suya a Évy, realmente disfrutaba de su compañía y su preocupación, aunque alocada, era muy sincera.

- Se que lo amas... lo se -dijo y se frenó en seco. No quería recordar, no quería, perdería sus recuerdos y no lo quería. La cara de Elizabeth, su vestido de novia, el festejo por el embarazo todo cruzó su mente en un flash rápido, necesitaba dejar de pensar o perdería todo para siempre.
Era verdad lo que su amiga decía, en esta vida, él nunca había estado casado. Tragó saliva con fuerza, intentando que sus ojos no se llenaran de lágrimas y suspiró. - ¿Escondida? ¡Escondido querrás decir! ¿No notaste que soy gay? -bromeó poniéndose en pose afeminada y cambiando el tono de su voz.
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