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love birds—priv.

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Mensaje por Invitado el Mar Mar 15, 2016 11:06 pm

Love birds

Neil Simon Theatre, Broadway · 16 de Marzo

Los últimos ecos de los aplausos reverberaron en el teatro luego de estallar ya en quinta vez detonados por el grotesco pero milagroso espectáculo que era Ophelia con una mano recién cortada. En el acto anterior había estado esposada adentro de un tanque de agua, anclada al suelo de un solo brazo. El tiempo se había acelerado y sus tácticas no funcionaban hasta el último instante, en donde la fricción del metal ejercida en la muñeca terminó por desgarrarla, cayendo al suelo y tiñendo de rojo el agua. El aire se atoró en los pechos de quienes habían pagado por verla y de seguro lo haría el resto en sus casas cuando el programa se transmitiera en horario prime. Una mano se alzó fuera del tanque, levantando la otra que había sido cortada desde el radio y el cubito, sólo para entrar segundos después en el agua aún de tono carmesí. Pequeños remolinos de colores más claros comenzaron a aparecer hasta volverse transparente y vislumbrar la figura de Ophelia sujetando la muñeca. Un movimiento rápido y quedaba en evidencia que la mano volvía a estar unido al brazo.

¡Gracias, muchas gracias!—decía al tiempo que secaba su cabello con una de las toallas que le había entregado Manu al salir. La ropa que solía usar-jeans, camisa, pajarita y Converses- estilaba gotas que caían sin gracia sobre el escenario, haciendo que sus pisadas sonaran sobre la madera del teatro. —Antes de finalizar nuestro espectáculo, me gustaría darme un gusto. Un pequeño gusto. Manuel, mi amigo, acá como lo ven se casará en poco tiempo más—vitoreos y silbidos se escuchaban de un publico que más de una vez se había sentido atraído por la rubia. —Tranquilos, tranquilas, que el novio anda por aquí y si se transforma es capaz de matar a toda la primera fila. Señora, a mi él me desgarró la mano antes—. La seriedad de su semblante nuevamente contrastaba con palabras que intentaban a duras penas ser una broma pero que tenían cautivada a una población que día a día se comunicaba a través del sarcasmo.—¿Dónde está Daniel?—preguntó sobre el hombro a Manu, lo suficientemente fuerte para que el micrófono apegado a su mejilla lo registrara. Con la excusa de tener la toalla para terminar de secar sus manos, apretó suavemente la piel débil de una muñeca que no sanaba lo suficientemente rápido para hacer un cierre espectacular como tenía inicialmente planeado, por lo que debería improvisar sobre la marcha.

Uno de los camarografos, cuya imagen se transmitía a dos de las pantallas ubicadas en el fondo del  escenario para que la gente pudiera apreciar los detalles desde lejos, escaneó los asientos hasta dar con el rostro que más de una vez se dejaba caer en el backstage programa.
Ahí está. Ven, Dante, sube. Un aplauso para los novios por favor. Nunca es tarde pare arrepentirse.

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Mensaje por Invitado el Miér Abr 20, 2016 1:03 pm

Love birds

Presenciar ese tipo de actos en Ophelia no era nuevo para él, aunque ninguno le parecía demasiado asombroso conforme mas la observaba. No importaba que parte de su cuerpo mutilase o cuanta sangre ensuciara el escenario a su alrededor, quizás por su escepticismo a creer en la magia o ilusiones tan poco racionales, de hecho, siempre que acudía a esas grabaciones la lógica le decía que en ese lugar lo que sobraba era realidad. “Todos los días ocurren hechos que no pueden ser explicados, fenómenos extraordinarios que pasan desapercibidos porque la gente cierra sus ojos a lo que no entienden. Pero la verdad es que…” —…de todas las cosas inexplicables de este mundo, la humanidad es la más extraña de todas.— completó la frase mientras en su mente se desvanecía aquel par de ojos verdes. No sabía la razón pero acababa de venir a su memoria la noche que conoció a esa persona en lo alto del Empire State. El modo en que miraba a través de los ventanales del ascensor artesanal que los llevaba al piso 102, no se borraba de su cabeza. En ese momento quiso entenderla aunque no la conocía, pero era demasiado pronto para saber de que hablaba. Ahora era distinto, pues luego de ese breve encuentro en este mundo, una brecha se abrió en la mente del ojiazul respecto a lo que consideraba que no tenía sentido.

De todas formas no importaba cuantas vueltas diera o cuanto profundizara en ello. La espantosa voz de aquella mujer obsesionada con cambiarle el nombre lo sacaba de cualquier concentración, logrando que la vena de estrés del lado derecho de la cien se remarcara con intensidad, mientras fingía no saber a quién le hablaba. “Esa mujer…” se quejaba entre dientes, pues era de las pocas personas en el mundo que lo hacían perder la sonrisa modelo de comercial de dentífrico. Y aunque quiso no pudo seguir pretendiendo sordera, ya que las cámaras lo encontraron y no le quedo más que acercarse. Podía oír toda clase de murmullos entre la gente mientras aplaudían, y no los culpaba, la rubia era tan hermosa y carismática que seguramente más de uno no estaba tan contento.

Tomó el rostro de Emanuela para besarla mientras la estrechaba firmemente contra su cuerpo, como si hubieran pasado miles de días desde que no lo hacía, cuando en sí, era culpa de aquel magnetismo suyo que le obligaba a no perder contacto físico demasiado tiempo. —Voy a matarla…— susurro contra sus labios justo cuando alguien del staff le pasaba un micrófono. El asunto de que su novia fuera un travesti era demasiado irrisorio, una premisa quimérica que solo los inocentes se tragarían. Sin embargo si con eso se quitaba de encima a algunos de esos molestos tipos que le hacían llegar algún detalle tras el programa, no se iba a quejar. —Gracias a todos los que se alegran por este hecho. Manuel y yo estamos felices por el momento que pasamos y esperamos que todos nos acompañen el día que será tan especial para nosotros, ¿cierto cariño?— pregunto mirándola con una sonrisa. No pensaba invitar a esa gente pero en palabras se oía muy bien y así pensaban que era un tipo buena onda. —Eso si, sin regalo no hay fiesta— bromeó. A Darius se le daba muy natural ese tipo de comportamientos y era por ello que le resultaba facil ganarse a las personas, aunque por dentro pensara que solo eran gentuza.

Lo que si no estaba calculando mucho era el impacto social que eso podía tener si transmitían el programa completo en el horario prime.
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Mensaje por Invitado el Sáb Abr 23, 2016 2:27 am

Love birds

Neil Simon Theatre, Broadway · 16 de Marzo

A pesar del tiempo que llevábamos en eso aun hoy seguía sintiendo una opresión en el estómago cada vez que una mancha roja se vislumbraba en el escenario. No podía hacerme completamente a la idea de que Ophelia se cortara y volviera a la normalidad en poco tiempo, a pesar de que sonriera y aplaudiera como si fuera la mejor espectadora. Moví ambas manos en un gesto que invitaba al público a reverenciar a la poderosa maga que acababa de salir del agua con su mano sujetando la otra -Ophelia Broekmans, señores!- volví a aplaudir, el espectáculo había sido todo un éxito. Buscaba entre la gente hasta que logré dar con él y sonreí, me gustaba que estuviera ahí, con el ceño fruncido y una mirada penetrante, como si estudiara la situación de una manera diferente, mas metódica, intentando descubrir algo mas que el resto no lograba captar.

Casi se me cae la mandíbula al escuchar a mi compañera de trabajo hablar de mi casamiento que sería en unos pocos meses. Los silbidos y palabras que llegaban a mis oídos me hacían reír. No era para nada una persona tímida por lo que alce la mano para saludar mientras ella lo invocaba a él de entre las gradas -¿Que haces?- le dije entre dientes aun con la sonrisa ocupando gran parte de mi cara. El recuerdo de esa noche en donde me pidió que me case con él venía galopando a mi mente mientras descubría que Darius se acercaba al escenario por petición de la artista de aquel programa. Divisé su rostro para nada feliz con lo acontecido, peor aun por el descaro de Ophelia de cambiarle el nombre dos veces en dos rápidas oraciones. Tenía tanto poder sobre él, que no podía ocultar su desacuerdo. Yo no tenía micrófono por lo que no podía responder a lo que Ophe decía mientras él se acercaba, pero era mejor así, con la capacidad de decir tonterías que tenía podía meter la pata hasta el fondo.

Me dejé atrapar por sus brazos fuertes y correspondí a ese beso que por un momento me hizo perder la consciencia. No importaba donde estuviéramos ni con quien, en ese momento las luces se habían apagado y las voces callados. Solo estábamos nosotros dos. Pero eso duró solo un instante, sonreí al separarnos mientras él se hacía con el micrófono y empezaba a dar un comentario. Por mi parte asentí nuevamente "Si, todos" dije con los labios aunque detrás de mi cruzaba los dedos, incluso los del pie. -Se que quieres hacerlo, ¿pero no has visto que vuelve a ser ella misma? Es como de plastilina- Sabía que algo mas había con ella pero no podía decirlo.

Negué con una sonrisa en mis labios, fácilmente él se había apoderado del micrófono mientras le aferraba la mano. Lo admiraba por ocurrente, por no importarle nada, por estar ahí. Aunque sabía que detrás de mi Ophelia se relamía las manos satisfecha con lo que había logrado -Ophelia pagará el Catering- le susurre a Darius, como una forma de seguir con la broma. No quería mirar a nadie en particular, eran pocos los que se tragaban el cuento del travesti y no dudaba que alguno nos maldijera. Mejor era creer que todos nos deseaban felicidad y ya. Alce la mano mostrando el anillo de compromiso, como una chulería mas del momento.

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Mensaje por Invitado el Dom Abr 24, 2016 1:43 pm

Love birds

Neil Simon Theatre, Broadway · 16 de Marzo

Grand finale. Tú sígueme el juego—susurró rápido al tapar el micrófono, aprovechando el furor de las cámaras que seguían el trayecto del hombre al escenario. El tiempo y la cercanía que les había dado el trabajo, hacía que la relación con la rubia fuera dinámica y complementaria. Si se concentraba en realizar algo, en cosa de tiempo, sin tener que verbalizarlo y casi basado en la telepatía, Manuela entendía y se sumaba. Con el paseo de asistentes anteriores parecía que ni hablaban el mismo idioma.

Soltó la toalla y aplaudió contenta en un gesto fuera de lugar para ella. Su semblante neutral extrañas veces dejaba espacio para nuevas emociones, menos aún para muecas tan expresivas como ésa, por lo que no fue raro cuando un par de espectadores le quedaron viendo asustados.  

¿Habéis escuchado como yo?—repitió a la audiencia—. A la salida uno de los asistentes del canal recogerá vuestros datos para enviarles la invitación. Los que fueron a Oprah se deben estar muriendo de la envidia, eh—. Sonreía, cautivaba por poder colgarse de la absurda diplomacia política del prometido que cultivaba una imagen tanto o más que ella misma, en donde retractarse no figuraba en el protocolo. El acuerdo tácito de la competencia era algo que le perseguía a ambos, no había nada que lo justificara pero tanto el prometido como Ophelia tenían una guerra declarada de nunca acabar. Con cuidado y a favor del espectáculo se acercó a la pareja, dando un abrazo fuerte a cada uno. Nunca había sido una persona de abrazos, ni siquiera de contacto físico pero lo lograba disimular—. Felicidades chicos. El matrimonio es un paso importante—continuó, hablándole ahora al público mientras se movía por el escenario—. La intuición de que encontramos al indicado, que pasaremos toda la vida con él y esas mierdas. ¿Te consideras un hombre de buena intuición, Darwin?

Del bolsillo de su pantalón y con completa naturalidad sacó una billetera, la cámara le apuntaba mientras rebuscaba su interior, intentando encontrar algo en particular. —Eres Escorpio, vaya, eso explica muchas cosas—dijo sobre el hombro. Entre sus dedos no estaba nada menos que la cédula del prometido—. Dios, deberías quemar esta fotografía. Pero bien, haremos un poco de magia. Te sacaré un billete de cien, tienes bastantes, ni creo que lo sientas.
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Mensaje por Invitado el Dom Mayo 08, 2016 12:04 pm

Love birds

Sí, claro… plastilina. Definitivamente no creía que eso fuera cierto y no importaba cuantas veces la rubia se lo tratara de explicar o él mismo viera la rapidez con que la morena volvía a la normalidad. Ese era un acto que escapaba de cualquier ilusión pero al parecer era el único en medio de ese mar de gente que desconfiaba que se tratase de algo más. ¿Quién era esa mujer? Aún tenía que averiguarlo. —Mira eso, cielo… parece que se está por mutar. ¿Dejará crías?— susurró a Emanuela para que viera la expresión casi humana en el rostro de Ophelia, la cual volvía muy extraño todo. Por supuesto se burlaba de la castaña, pero era un chiste interno con su novia.

Sin embargo la desfachatez de la mujer ocasionaría que el estomago de Darius se revolviera, oyendo como no solo lo comprometía a realmente invitar a esas personas, sino también siendo presa de sus dotes de carterista de cuarta, algo que ni siquiera el abrazo improvisado que les entregaba lograba hacer que él sintiera que hablaba en serio con lo de desearles felicidad. —Para desdicha de muchos nunca me he equivocado— la confianza se reflejaba en su rostro y el modo en que cada palabra salía de sus labios, pues alguien como él sabía que pasos dada, donde, cuando y con quien. Tampoco le sorprendía que supiera su signo, cualquier podría solo con ver la fecha de nacimiento en su cédula.

—¿No sería mas sencillo que vaciaras el dinero directo a tu bolsillo? Ya saben chicos cuidado con ella, es muy rápida... con decirles que incluso los mas bravos del bronx tiemblan al oír su nombre— hablaba con elocuencia mientras su rostro hacía gestos gracioso muy naturales, acompañados de esa gran sonrisa que hicieron que algunos rieran, mientras otros se quedaron expectantes de lo que ella diría, pues repentinamente el joven Bloodworth pasó de tener a su novia cogida de la cintura con una mano, a usar la otra para atrapar a la ilusionista al mismo tiempo y atraerla a él como si eso fuera un show preparado por los tres. —Aceptaré tu juego si con eso dejamos esta ridiculez, piénsalo, oh gran maestra del desastre— musito solo para ella en lo que besaba su mejilla y la soltaba. Si, quizás era un poco joderla con lo que acababa de hacer pero no le daría el gusto de ser él el jodido.

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Mensaje por Invitado el Sáb Mayo 21, 2016 5:11 pm

Love birds

Estar en medio del escenario con ellos dos era todo un desafío por no decir un suplicio. Era bastante divertido para mi oírlos pelear con grandeza, puesto que ambos siempre buscaban donde clavar mejor y mas profundo el puñal, sin olvidarse que yo estaba en medio. Reí por su comentario -Ni ella va a creer su expresión cuando lo vea mañana en la repetidora- comenté tras observar detenidamente la sonrisa que Ophelia ofrecía a mi novio y público en general ¿Desde cuando era tan alegre?

Asentí ante las palabras de la conductora del programa -Hecho- dije sin moverme de donde estaba, junto a Darius y esperar el próximo movimiento. Algo muy frecuente en nosotras era el mantener la vista muy fija en la otra por una fracción de minuto para que, a la vista del público no se viera, pero nosotras si y de ahí entender que venía a continuación. Practicábamos juntas desde hacía mucho tiempo como para que algo así saliera mal. No hice tiempo de detenerla cuando mencionaba aquello y aunque para mi era un juego, sabía a la perfección que para al menos uno de ellos no lo era. Suspiré, ¿porque me hacían eso y en público?

Y así los deje a ambos solos, luego de que Ophelia nos deseara felicidad, como si anteriormente no me hubiera dicho lo mal que hacía en arruinar mi vida de esa manera. Con el abrazo simbólico que le proporcionaba al inglés me percate de su siguiente acción y me fui en dirección de una mesa donde teníamos varios utensilios para los diferentes trucos, tomé un bolígrafo y me acerque al momento en que ella mostraba a la cámara el billete. Aquel beso de él significaba demasiado, era mucho contacto físico para la morena y sin duda pensé en "el beso de la muerte" como una guerra declarada a viva voz. Bueno, también podía exagerar un poco. Lo tomé para mostrarlo nuevamente y acercarme al castaño -Necesito que lo firmes de un lados- le acerque el bolígrafo y le sonreí con esa malicia mezclada con ingenuidad que al parecer a él le gustaba. -Damas y caballeros, necesitaremos voluntarios del público para nuestro siguiente y último truco- sonreí ante ellos quienes comenzaron a silbar. Los finales del show siempre eran un lujo. Miré al público y en una de las gradas se encontraba una mujer, de tes trigueña y facciones delicadas -Tu... Si tu, la de vestido verde. Dime un número del uno al cien- pedí mientras uno de los asistentes se acercaba con un micrófono -El sesenta y nueve- gritó la señora. No pude evitar reír tras volverme a Darius le pedí -Escribe el numero junto a la firma, por favor y entrégaselo a Ophelia-
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Mensaje por Invitado el Sáb Jun 11, 2016 5:33 pm

Love birds

Neil Simon Theatre, Broadway · 16 de Marzo

Encabezando la lista de cosas que no soportaba, justo por debajo del genocidio e incluso haciéndole la pelea algunos días al maltrato animal, estaba el contacto humano no consentido e innecesario. La idea de que traspasaran su espacio personal, aquella subjetiva burbuja que le rodeaba día a día, le sacaba de quicio de una manera inexplicable. Cuando todo fluía según su plan y podía anticiparse a lo que ocurriría no había problema e improvisaba un abrazo, pero ya si una mínima cosa se salía de su absoluto control, le hervía la sangre. En parte por eso se quedó estática, mirando con cara de asco al prometido de su asistente, que como era de costumbre quería dar vuelta la tortilla para que el mundo siguiera rodando a su alrededor. Se recompuso con el comenzar de la música de fondo, propia de cada acto.

Te voy a destruir, como Timberlake a 'N Sync—le respondió bajo, antes de alejarse y darle el pase a la rubia. Pensar que Emanuela podría estar con Channing Tatum si quisiera pero se limitaba a ése, era una tortura que no le dejaba conciliar el sueño. Puso ambas manos en su cadera, mirando el proceso desde lejos. Antes de volver a acercarse tomó tres pequeños sobres, de no más de diez por diez centímetros, desde una mesa.

Bien, bien. Firma y cuenta bancaria lista, es momento de embaucar. Bromeo, no te alteres, Mr. Burns. Ahora necesito que dobles el billete en cuatro partes, ves, no es difícil, solo cuatro. No cinco, cuatro, muestrale al público que pasaste pre-escolar—alentó de mala gana. —Cuando estés listo, debes ponerlo en este sobre—dijo, extendiendo uno.—Los otros dos tienen papeles de consistencia parecida a tu billete, por si te quieres hacer el listillo.

Esperó que estuviera listo, aguantando sus posibles comentarios mordaces. Siempre se predisponía a ellos. Arrebató el sobre de las manos del castaño cuando vio el billete a dentro, con la paciencia ya medio disminuida, lo que significaba problemas para todos luego del show, incluso el chico del café. —Estos Escorpión y su lentitud, dude. Terrible—terminó de cerrar los tres sobres, y con una mano llamó para que una cámara se acercara. Hubo un instante en donde la música bajó y los tambores de suspenso comenzaron, mientras los tres sobres eran mostrados al público, ya embelesado por lo que podría suceder. —Y ahora—musitó con una voz profunda, alargando las palabras en su boca. —Ahora...sólo revolvemos—en un ir y venir rápido comenzó a mover los sobres con toda rapidez, haciendo que el público se riera con el cambio abrupto de voz a una más normal, y porque absolutamente nada pasó como creían. Caminó hasta donde Manuela, sin parar de mover los sobres en su mano—Continúa tú, dale amor, suerte y lo que sea. Luego, Diego, debes escoger sólo uno. Total, nunca te equivocas, ¿no es así?



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