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Dance little liar ▲ Jax.

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Mensaje por Fleure S. Cartier el Sáb Mar 05, 2016 6:56 pm
Dance little liar

Flashback • Restaurant Mahattan • Con Jax.

El jadeo que se escapó de entre sus labios delató completamente su posición actual. El rubor en sus mejillas se intensificó cuando el hombre que estaba frente a ella la miró por arriba de sus gafas evaluando cada movimiento que la francesa hacía. Se removió incómoda, esperando a que el león alzara su garra para destazar las esperanzas con las que se había despertado aquel día. No quería mencionar palabra alguna, no después de la sarta de mentiras que había soltado minutos atrás. "¿Qué tipo de platillos ha preparado en su experiencia académica?" Tragó en seco. No estaba segura de que fuese una buena idea, es decir, podía buscar otro lugar en donde se adecuaran más a sus conocimientos adquiridos en su carrera universitaria. Como hacer una incisión en forma de "Y", cómo encontrar las pruebas más importantes de una escena de crimen, como indagar en la psicología de un psicópata... pero no en como preparar un Crème brûlée sin llegar a incendiar el negocio en el intento. El hombre de aspecto elegante y mirada turbia volvió a darle un ultimo vistazo antes de alejarse por la puerta trasera. Sinead pudo respirar de nueva cuenta y recuperar su compostura que parecía irse por el caño.

"Estoy cometiendo un suicido o probablemente un homicidio si no me detienes, venga, ¿La pasta se tiene que cocer antes, verdad?" Mensajeó presurosa a su mejor amiga en busca de un consejo o un estirón de orejas. Cualquiera de las dos opciones le venían de maravilla en esos momentos. Dentro de su mente buscó una razón para continuar ahí de pie, con ropa formal, por primera vez portando su cabello bien peinado y despidiendo ese caro perfume que su madre le había regalado por su reciente aniversario. La fragancia hizo que lo descifrara de un golpe, recordando que aunque estuviese por ahora viviendo en su fraternidad con un grupo de chicas desquiciantes; tenía el porcentaje de una matricula que pagar, y ni hablar de sus gastos diarios, el dinero no crecía de los arboles y su independencia tenía un precio muy caro que ahora había que pagar. Dinero que ahora pensaba conseguir con aquel trabajo que auguraba ser tan bueno como la cantidad de dígitos en su cheque de mes. Era uno de los más renombrados de Mahattan, oportunidades así no se podían venir abajo solo porque a la castaña hasta el cereal con leche se le quemara. Un ligero carraspeo sacó a la francesa de sus vacilaciones, alzando su vista inmediatamente para observar al mozo que la había atendido acompañado por otra persona del mismo sexo. —Hola, soy Fleure y vengo por el puesto de Auxiliar de cocina.— Anunció extendiendo su mano para estrecharla con el que parecía el encargado de la cocina, por no mencionar el reconocimiento del que probablemente sería su peor pesadilla; el chef.


Última edición por F. Sinead Cartier el Lun Mar 14, 2016 6:57 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Invitado el Lun Mar 07, 2016 3:52 pm
Dance little liar


Miró a su alrededor, todavía un poco incrédulo. En su escritorio había cientos de papeles, menúes, pedidos. Pero el estaba feliz entre tanta hoja blanca. Probablemente era la primera vez en 30 años en que miraba a su alrededor y podía llamarse a si mismo feliz.

Tal vez había estado en el lugar y momento correctos o tal vez se lo había ganado, pero pudo abrir su propio restaurante y en poco tiempo solventar todos los gastos que este había conllevado. Con frecuencia las críticas lo alababan y tanto mediodía como noche, el salón estaba atestado de gente, sin contar la que hacía fila en la puerta. Pero todo ese éxito traía más de un problema y uno de ellos era la falta de personal. Muchos renunciaban por la presión, otros simplemente no se interesaban al ver que el trabajo iba en serio. El había entrevistado alrededor de 20 jóvenes el día anterior y ahora Jonah, su amigo y maître, estaba haciendo lo suyo. Sabía que odiaba entrevistar gente pero ya lo había tomado como parte de su trabajo.

Volvió a salir a la cocina y probó una salsa que una de las cocineras estaba haciendo. - La próxima, menos sal, más pimienta, que no se te queme -aconsejó sacando la olla del fuego y chupándose el dedo con el que había probado. Se giró al oír que Jonah lo llamaba, aparentemente necesitaba su ayuda con una jovencita. Salió detrás del muchacho limpiándose las manos e su delantal y se encontró con una joven castaña que lo miraba con cara de duda. El maître le dijo algo al oído y se retiró. - Florence, un gusto -respondió acercándose y saludándola con el mismo gesto. Se sentó detrás del escritorio y la observó, curioso- Dime, ¿qué experiencia tienes?
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Mensaje por Fleure S. Cartier el Mar Mar 08, 2016 11:37 am
Dance little liar


Relamió sus labios al escuchar la pregunta que menos esperaba en el día. —¿El cereal no cuenta como platillo Gourmet?— Se tentó a preguntar soltando entre sus labios una breve mueca en un vago intento de sonreír para aligerar su propia tensión. El hombre que estaba sentado detrás de aquel escritorio que parecía ser de caoba costosa no parecía realmente ser tan malo como imaginaba, pero si algo había aprendido Sinead con el tiempo es que las apariencias siempre engañaban. Tal vez si quemaba su restaurant terminaría más enojado de lo que llegó a pensar en ese instante. No era que se echara personalmente al foso, pero hasta ella misma aceptaba que la cocina no estaba hecha personas de su tipo. Carraspeó removiéndose un poco para no encorvarse más en su asiento. —Trabajé en una tienda de Cupcakes hace algunos meses, hacía de todo un poco y aprendí demasiado del chef en turno. Lamentablemente la tienda cerró y bueno... Supongo que hay que buscar nuevas oportunidades tocando puertas.— Eso era cierto. Al menos había algo bueno en su discurso y no sería enviada directamente al infierno por mentir descaradamente al que parecía ser la mano derecha del jefe. Claro que esos días fueron oscuros para el negocio que en sus tiempos libres detrás de las grandes paredes rosadas, el caos se hacía presente cada que la chica se acercaba a los hornos. Podía decir orgullosa que justo cuando había tomado el hilo de la cocción perfecta para unos panecillos, su carta de despido fue presentada en sus narices. Todos los integrantes de esa pequeña familia quedaron esparcidos por las calles de New York buscando una oportunidad más. —Se hacer unas cuantas cosas... un poco de eso, de aquello, ya sabe... pero esencialmente estoy siempre dispuesta a aprender todo lo que pueda y rápido. —

—Tiene un lindo restaurant. La comida es exquisita.— Alabó cuando tuvo oportunidad. —He venido unas cuantas veces, es el favorito de mi mejor amigo. Ni hablar de su ternera, podría comerla siempre y estaría encantada.— Si había algo que destacaba en la castaña era su completa sinceridad a la hora de mencionar alguno de sus gustos más personales. Recordó que la ultima vez quiso invitar a su novio a ese lugar como parte de su mes, pero su sueldo no había alcanzado para tanto. Estuvo tentada a dejar uno de sus Cartier como paga, pero no le agradó mucho la idea después de analizarla mejor. —Nunca pensé que estaría adelante de chef pidiendo una oportunidad para trabajar. —


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Mensaje por Invitado el Mar Mar 08, 2016 3:12 pm
Dance little liar


Si hubiese sido un día normal, ante esa pregunta simplemente se hubiese levantado y hubiese cerrado la puerta detrás de él. Pero ese no era un día normal, él no era normal y también tenía un presentimiento. Lo tenía, no sabía por que. Después de todo uno no vive tanto para nada. Se limitó a levantar una ceja y sonrió de lado. - No, no cuenta -respondió sin perder la sonrisa. ¿Qué hacía una muchacha joven con pocos conocimientos de cocina en su escritorio pidiendo trabajo? Curioso, todo le resultaba curioso. El también había sido un novato, había tocado puertas y puertas hasta conseguir trabajo. Sean cuales fueran sus intenciones, no tenía pensado rechazarla, pero necesitaba saber en que se metía y con quien. - ¿Tienda de cupcakes? ¿Puedes decirme cual? Tal vez la conocía -inquirió curioso, no era raro que pastelerías y restaurantes cerraran a diario, no siempre el mundo de la cocina en general era fácil de afrontar. - Me gusta tu actitud.

Se sorprendió un poco. La chica no era para nada convencional. En cualquier lugar común la hubiese rechazado con solo escuchar su primer respuesta. Si tuviese un maître normal, ella estaría tocando la puerta del idiota de la otra cuadra. - Te lo agradezco. ¿Tienes hambre? Tenemos un poco de ternera para este mediodía. - ¿En que clase de dueño se había convertido? Ya no había vuelta, estaba dispuesto a ofrecer un trato, pero también necesitaba indagar más. - Mira, la cosa es así. Si realmente quieres aprender, aquí estas en el lugar perfecto. Vas a aprender dulce y salado, vas a aprender específicamente conmigo. Llega a tiempo, la puntualidad es lo más importante. Te prestaré mis cuchillos y otros elementos para que empieces -se puso de pie y la guió con la mano- Ven a conocer.




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Mensaje por Fleure S. Cartier el Vie Mar 11, 2016 2:01 am
Dance little liar

Así que todo quedaba confirmado. Su delicioso cereal de rueditas coloridas con extra azúcar y moras, no contaba como un platillo calificado dentro del área culinaria. La francesa se encogió de hombros. Total, más cereal en el mundo para ella. —Uhm, claro, se llamaba "Crumbs Bake Shop"Estaba ubicado en el Upper West Side. Era muy conocido, supongo que tal vez sepa de ella. — Una de sus manos paso sobre su rostro, llevándose consigo un mechón de cabello que había desafiado las leyes de su moño. Al parecer las cosas no iban resultando tan mal como presentía pero aun así no bajaba la guardia por si en algún momento todo se venía abajo y terminaba más avergonzada de lo que ya estaba, aplicando el Plan B: Salir corriendo para salvar el pellejo. —Uh, gracias. Y espere que entre en confianza, mamá decía que en ocasiones parezco un loro de tanto que hablo, pero no tiene razón. —Hizo un ademán con sus manos para darle menor importancia al asunto. Florence solía ser vivaz aunque le costara bastante entrar en confianza y suponía que aquel era un buen paso para romper el propio bloque de hielo en el que se había metido.  

—¿En serio? ¿Gratis? Venga que acepto solo si en algún momento me llego a quedar con el puesto y me permitieran pagar el platillo con mi primer sueldo. — Curveó sus labios antes de bajar la vista para buscar en sus bolsillos algo más allá que una tarjeta para el metro o las llaves de su coche. ¿Aceptaría una goma de mascar como paga? Estaba loca si pensaba que se quedaría con el puesto, pero nunca le había gustado que alguien más pagara por lo que ella consumía o quería. Así fuese una cordial invitación por el mismo hombre que se encargaba de ser el jefe en el sector, si era necesario dejar ahora si uno de sus Cartier como casa de empeño, lo haría. Llamarle orgullo o tontería, pero siempre se sentía bien consigo misma realizando esa acción. Se distrajo por un segundo de su búsqueda para escucharlo con atención, alzando su vista y poder observarlo. Por un momento la esperanza de realmente obtener el puesto cruzó su mente y una amplia sonrisa se dejó ver en sus labios. Dulce, salado... Santa mierda. —¿Eso me suena a un "Tal vez puedas quedarte"? —Cuestionó con inocencia expresando en aquellos ojos verdosos un pequeño destello, levantándose de la cómoda silla para seguirlo hacía donde lo que parecía, su próximo jefe, le señalaba. —La puntualidad es lo mio, no hay problema por ello.—Complementó rápidamente antes de que se arrepintiera. Demonios Flor... ¿Estás segura de lo que harás? Se cuestionó mentalmente mientras seguía al hombre que la guiaba a las entrañas de su lugar sagrado.


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Mensaje por Invitado el Mar Mar 15, 2016 1:33 pm
Dance Little Liar
 

Asintió con la cabeza al escuchar el nombre del lugar. Era famoso y tenía muy buenos productos, por lo que esperaba que la muchacha hubiese aprendido al menos algo sobre como manejarse en una cocina. Él había empezado en el mismo lugar, asistente de un chef francés estricto y duro como tabla de piedra que lo miraba como si fuese un cachorrito mojado debajo de lluvia y truenos. Le costó dos años ganarse su confianza y otros tres que le compartiera algunos secretos de cocina.  - Tenían buenos cupcakes, pasé por allí unas cuantas veces -comentó. Hacía un tiempo ya que había decidido ser un mejor mentor que el que tuvo, pero a veces los ayudantes lograban sacarlo de quicio.

Seguido por la castaña atravesó el pasillo que conectaba directamente esa parte de la oficina con la cocina. Adentro, Jonah estaba peleando con unas copas que no lograba fajinar. El resto, estaba muy compenetrado en sus respectivas estaciones. Le hizo un  gesto a su acompañante para que lo siguiera rápidamente hasta su oficina y una vez que estuvieron adentro, cerró la puerta. - Bien, este es el tema -le dijo dándole la espalda para dirigirse al armario- Voy a necesitar que aprendas tanto sobre el almuerzo como sobre la cena. Para no agotarte, vendrás las primeras tres semanas de mañana y el siguiente trío, a la noche.- Sacó un delantal que aunque un poco viejito estaba entero y usable y le agregó una chaqueta - Tal vez te queden grandes pero te servirán por ahora. A partir de mañana entrarás a las 6, aquí en general empezamos a las 5 pero ya llegaremos a eso.- Le extendió el uniforme y se sentó sobre el escritorio. - Tenemos distintos sectores que ahora conocerás. Cocina caliente, pescados, carnes, mesa de entradas, mesa de guarniciones y pastelería, que está detrás de aquella puerta -señaló hacia el fondo de la cocina donde una puerta vaivén separaba los sectores- Hoy empezarás lo básico conmigo, luego te iré soltando. ¿Lista?

Así es la cocina:
Como en esta imagen pero un poco más amplia y con más mesadas: http://solucionesgastronomicas.com/blog/wp-content/uploads/2015/10/Cocina-para-restaurante-02.jpg


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Mensaje por Fleure S. Cartier el Dom Mar 20, 2016 3:53 am
Dance Little Liar
 

Lo primero que observó al entrar en la zona desconocida, fue el reluciente color del acero inoxidable, el cual cubría en su totalidad a la sala. —Vaya, es enorme, parece una nave espacial...— Susurró impresionada, mirando como todos aquellas personas parecían estar sincronizados y sobre todo empeñadas en hacer lo mejor posible su trabajo, dando una calidad de diez para satisfacer al cliente. Oír por primera vez el crujir de unos panes blancos recién horneados era una experiencia increíble, mientras al costado izquierdo un hombre salteaba unos mariscos con lo que parecía ser una botella de vino tinto; incitando a que las llamas se adueñaran de la sartén. Se detuvo abruptamente, alejándose lo más que pudiese de aquella mujer encargada de esos pasos y no quedarse atrás en el recorrido que el chef le estaba dando. No pasó más tiempo del necesario, cuando ingresaron nuevamente a su oficina y ella pudo respirar un poco mejor. Estaba completamente nerviosa, no lo negaría, pero le parecía una nueva aventura por recorrer y sobre todo, una gran oportunidad para aprender. Al final todo terminaba compensando.

Escuchó al hombre y asintió rápidamente a su acompañante, tomándose unos cuantos segundos para sacar un pequeño diario que siempre traía en su bolso, y así no olvidar sus indicaciones. —Lo siento, espero que no le moleste. — Añadió rápidamente al anotar con su desalineada caligrafía los horarios para comenzar, así como tomar con torpeza las prendas que le brindaba. Esperaba que con el tiempo su jefe pudiese comprender que Fleure quizás tenía algo diferente a los demás trabajadores que podían estar en el edificio en esos momentos. Pero tal vez la opción más responsable era mencionarlas de una vez, si eso influía en su desempeño laboral se lo pensaría dos veces. Aunque si lo veía por el lado más rigido, él no le había pedido aún ni su apellido, estudios o historial. —Estoy lista. —  Confirmó con su perfecto acento francés, dejando de lado su diario y abrazando para si misma su uniforme. Diablos, era tan suave que facilmente podría acostumbrarse a el. —Tengo algo que comentar antes— Rascó de forma breve su nuca. —Tengo un pequeño problema, hace algunos años tuve un accidente en el cual mi mente quedo algo dañada. Olvido muchas cosas en un poco tiempo y no me gustaría que esa incapacidad dañara mi desempeño o me quitara esta gran oportunidad. Si no es un inconveniente podría anotar algunos pasos, incluso me esforzare por practicar todos los días y poner más atención.— Señalo levantando su mano derecha —Palabra de niña exploradora. —  Ahí estaba de nuevo ese lado infantil e inocente que poseía la castaña, lo que era una diferencia más que resaltar de su extrovertida personalidad. Podía ser muy educada y dura si se lo proponía, pero detrás de ella seguía siendo solo una joven con alma inocente que muchas cosas no las lograba comprender. — Por cierto, también, soy alergica al chocolate y los mariscos. — Uh... uh. 




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Mensaje por Invitado el Miér Abr 13, 2016 5:47 pm
Dance Little Liar

"Estos son los hornos, si no usas manoplas te arrancarás la piel. Espero que hayas afilado bien tus cuchillos porque dependerá de que tan bien los uses si te quedas o no. ¿Entendido, bonito? Hey, Madden, ¿me estas escuchando?" El muchacho sacudió la cabeza embobado, intentando asentir sin quedar como un tarado. El flashback vino a su cabeza como un rayo en cuanto se encontró en la posición de ser quien explicaba como funcionaba aquel lugar sagrado. No había recibido el mejor de los trato en sus primeras experiencias y aunque había tenido ganas de gritarle que se vaya al diablo que ya tenía tres títulos y no necesitaba de ninguno de ellos para aprender, su falso currículum solo indicaba que tenía 18 años, no 73.

Mientras hablaba, miraba de reojo a la castaña. Lo entusiasmó verla tan entretenida con todo, ojalá resultara bien. A veces su ser impulsivo le jugaba malas pasadas. - No me pidas perdón, no hay problema -respondió negando con la cabeza al ver al libreta de la chica. Terminó de dar la charla y la miró fijo, esperando a ver si ella tenía alguna duda o comentario. Le hizo una seña para que lo siguiera a través de la puerta que daba a la cocina. - Tranquila, puedes anotar todo lo que quieras. No, tu teléfono no lo puede anotar, Wayne -bufó a uno de los cocineros que ya estaba mirando y riendo tontamente ante la chica- No les hagas caso -le susurró- Si te pierdes, necesitas algo, te olvidas o lo que sea me avisas y volvemos hacia atrás. -se frenó delante de una reluciente mesada, donde había una cocina y un par de ollas- Vamos a lo básico, ¿sabes hervir agua? Por favor no te ofendas.
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Mensaje por Fleure S. Cartier el Miér Abr 20, 2016 3:54 pm
Dance Little Liar

Arqueó una de sus cejas ante la pregunta, limitándose a asentir con una sonrisa amplia. —Mi madre solía cocinar mientras yo estuviese en casa. Nunca me enseño como se debería, pero se hacer cosas básicas como freír algunos alimentos; hervir agua, servirme un plato de cereal con leche...— Mencionó mirando las ollas perfectamente acomodadas en una repisa esperando a ser utilizadas, a un costado de una parrilla en función. Detrás de ella unas puertas de metal de grandes dimensiones se mantuvieron cerradas, dándole a cambio la imagen de la chica despeinada. —¿También tengo que usar una red en la cabeza, no? — Cuestionó. Se distrajo por unos segundos para mirar por una pequeña ventana que poseían las puertas de metal, acercando su rostro lo suficiente para ver más y más estantes con alimentos variados. —¿Qué es esta salita? ¿Ahí guardan los cadáveres? — Bromeó mientras se alejaba del cristal con los brazos en jarras. Todo le parecía emocionante, adentrarse en una cocina de esas magnitudes con muchas personas activas corriendo hacia todos lados para tener contentos a los comensales era sin duda toda una experiencia maravillosa. Además de que tenía como mentor al mismo dueño del restaurante, su buena experiencia debía de tener atrás como para construir un buen y reconocido lugar.

Entre su curiosidad y su ansias por querer comerse el mundo de una tajada, Fleure tomó uno de los cuchillos que se mantenían dentro de una base de acero inoxidable, admirando que todos eran totalmente diferentes. —¿Acaso no todos los cuchillos sirven para lo mismo?— Giró ligeramente su cabeza, cuando una imagen llamó su atención. En una de las ventanas que daban a las puertas traseras; una sombra se escurría buscando una forma de entrar a la locación, más sin embargo su paso nunca se concretaba, deteniéndose en la misma. Un escalofrío recorrió su espalda, girando se forma abrupta su cabeza y sosteniéndose de la mesilla. Tragó en seco. Odiaba tener ese tipo de contacto con seres que estaban fuera de su comprensión, más cuando estos le hacían sentir mal, atemorizada y una persona incauta. Una pregunta asaltó su mente: ¿Por qué la sombra no podía entrar al restaurante?


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Mensaje por Invitado el Miér Mayo 25, 2016 7:16 pm
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Asintió mientras escuchaba a la muchacha. Sabía que había sonado completamente demente o que incluso ella podía sentirse insultada, pero necesitaba comprobar algunas cosas. Si bien si estaba loco por dejar entrar a cualquier persona que el veía con cara de buena a su cocina, tampoco quería terminar con un brazo cortado por culpa de alguien que no supiera filetear. Aunque en realidad eso no le fuera un problema. - No me mires con la ceja así -indicó señalando el rostro de la joven- Te lo pregunto porque hemos tenido aprendices desastrozos, mira a Bruce -comentó en voz un poco más baja señalando a un muchacho regordete pero alto que pasaba con una olla de grandes dimensiones. El pobre tenía la cicatriz de una cortada desde la muñeca hasta el codo. Asintió ante la consulta, pero negó seguidamente - He roto esta mañana la única que nos quedaba, por hoy tu cabello en un rodete será suficiente. Acomodó un par de cosas más mientras dejaba que Fleur se paseara por el lugar, tenía cara de fascinación y eso le daba una buena impresión. Soltó una carcajada sincera y se giró a mirarla. - Claro, mañana serviremos hígado de hombre viejo hecho en especias con un puré de vegetales, delicioso -dijo soltando un beso al aire como si realmente fuese un plato gourmet, luego, volvió a reír.

Acompañándola, sacó otra bandeja más de cuchillos y los acomodó un poco para pasar a explicarle. - No, no todos sirven para lo mismo. Incluso... ¿alguna vez has oído hablar de las tablas de cortar de diferentes colores? -habló mientras se agachaba a sacar una pila de coloridas tablas de plástico. Apoyó todo sobre un extremo de la mesada y luego corrió los cuchillos - Confio en que sabes hervir pero antes de explicarte y marearte con las utilidades de los cuchillos, te enseñaré a afilarlos -sacó el afilador, que no se trataba más que de un palo muy largo metálico que dejaba las hojas como nuevas- ¿Conoces esto? Tienes que usarlo así ¡y tener muchísimo cuidado! -con delicadeza mostró como sostenerlo y tomó un cuchillo de ejemplo- Ahora esto podría cortarte una mano sin problemas.

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Mensaje por Fleure S. Cartier el Lun Jun 13, 2016 11:18 pm
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Inmediatamente Fleure giró su vista al famoso Bruce, ignorando sus ansias de mirar nuevamente hacía la puerta y ver como las brumas desaparecían del lugar. ¿Quizás eran como los hombres mafiosos y les gustaba reunirse en zonas concurridas y peligrosas? Porque si, la cocina era un peligro para todo aquel que en conjunto como ella, no sabía cocinar. —Pobre Bruce...—Acompañó la trágica historia con una mueca. No quería que le pasara eso, suficiente tenía con sus quemadas de días atrás.

Tomó la varita mágica gigante para afilar cuchillos y le observó midiendo así la velocidad e incluso la inclinación de la cuchilla en la barra de metal. Su turno de intentarlo. Alzó el cuchillo a la altura de su cabeza para mirar de nuevo el filo con al cual se inclinaba la cuchilla y así, deslizó con precaución ambas hasta lograr que se escuchara un chirrido gracias a la fricción obtenida. —¿Así está bien?— Preguntó unos minutos después de estar deslizando constantemente el arma. Al menos ya tenía algo interesante que contarle a su novio en la noche que lo viese rondando la universidad, y lo mejor era que ni siquiera se había cortado. ¡Punto para Fleure! —¿Para que sirven las tablas de colores? ¿Son para cuando están de diferente humor? —Cuestionó como una cría pequeña. —A mi me gustan los tulipanes amarillos o narajas cuando estoy feliz o me quieren subir el ánimo, los morados cuando estoy enojada, los rojos para cuando me toque partir de este mundo y los rosas cuando estoy muy triste. De seguro a ti te gustan también las flores, ¿Tienes alguna en especial?— Así depositó sus armas en la mesa, acomodándolos en el sitio en donde estaban antes de ser tomados. Pulcritud y perfección ante todo.


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